Hora de publicación: 2:31 am Clasificado en Debate y escrito por Jesús Nava
-Comentario-
Vamos por partes: yo lucho también por la igualdad de mil maneras; nuestro movimiento habla de la igualdad en el punto uno de su declaración de principios y valores:
“I. Porque los seres humanos no nacen iguales en capacidad física y mental, ni en condición social, la Sociedad y el Estado deben garantizar la igualdad de derechos y de oportunidades.”
Pero, repito, hoy en día no hay ningún pensamiento, corriente, ideología, filosofía o teoría que me garantice que todos los hombres vamos a ser iguales. Los hombres, como dice nuestro primer principio, somos todos distintos desde que nacemos, y no voy a estar yo nunca en contra de que se luche por la igualdad desde la perspectiva que quieras. Pero eso es muy distinto a que alguien presente una Teoría que haga eso posible. Los intentos anteriores por conseguir esa igualdad (comunismo, totalitarismos…), como sabes, la historia demuestra que han fracasado, y de manera estrepitosa.
Te lo vuelvo a repetir, ¿conoces tú la manera de conseguir esa igualdad, fundamentándola en una Teoría?… nosotros no. Lo que si tenemos es la Teoría para conseguir la libertad de todos, y por eso no podemos incluir en nuestra Teoría de la democracia la lucha por la igualdad, PORQUE HOY EN DÍA NO HAY NADIE EN EL PLANETA CAPAZ DE CONSEGUIR AUNAR EN UNA TEORÍA LIBERTAD E IGUALDAD.
Porque dices que la igualdad se puede garantizar por ley, ¿qué ley?, ¿cual es su enunciado? La ley actual dice que todos los españoles somos iguales (hace gracia, pero lo dice); la que ustedes proponen ¿es distinta? Piensas que todos seremos iguales porque lo ponga en un papel. En este punto es donde quiero que me especifiques cual es vuestra postura, y te vuelvo a repetir: me encantaría que me dijeses qué ley es esa que defiendes y cuales son los mecanismos para garantizar la igualdad… soy todo oídos.
Saludos.

-Respuesta-
Verás, el principio que citas es de una contradicción absoluta. Si los seres humanos no son sustancialmente iguales, por naturaleza, ni nacen con los mismos derechos inherentes e inalienables, entre los que se cuenta el derecho natural a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, ¿por qué la Sociedad y el Estado deberían garantizar la igualdad de derechos y de oportunidades? ¿No estarían obrando contra natura?
La contradicción radica en que el autor pretende extraer, para la Sociedad y el Estado, un imperativo categórico (la sociedad debe igualar a los hombres en derechos) a partir de un principio metafísico falso (que no son iguales). Pero, en una buena ontología, la Naturaleza inmanente es la misma en todos, y no admite jerarquías, aunque cada existencia concreta esté dotada de distinta potencia para expresar, de un modo finito, una forma determinada del Ser infinito. Sí, aunque te extrañe, la política y la ética se apoyan en una metafísica. Y cuando se oculta es casi siempre por motivos inconfesables:
“Una política sin ontología es digna de toda sospecha, porque se reduce a técnica de poder y se convierte en mero brazo ejecutor de quién sabe qué principios metafísicos ocultos. Hay una relación fundamental entre la filosofía primera y la política, y es importante mostrar que dependiendo de cómo se piense aquella se seguirán modos muy distintos de pensar y de hacer política. La propuesta inmanentista de Spinoza plantea un abordaje de lo político donde lo primordial es cómo ser libre y cómo efectuar la potencia de los hombres en las mejores condiciones. Todos los hombres valen lo mismo desde el punto de vista del Ser, no hay jerarquía posible en esta ontología que, aplicada al dominio de lo político, hace tambalear las clásicas legitimaciones de la servidumbre y produce un cambio en las prioridades. La subversión de la metafísica es subversión de la política, subversión constructiva y principio del fin de la servidumbre“ (Enrique Álvarez Asiaín).
No hace falta, pues, ser tan rebuscado ni inconsistente. La Declaración de Independencia de Jefferson me parece mucho mejor fundada: “Tenemos las siguientes verdades por evidentes en sí mismas: todos los hombres son creados iguales; que su creador les ha otorgado derechos inherentes e inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres gobiernos cuyos poderes legítimos emanan del consentimiento de los gobernados; que cuando una forma cualquiera de gobierno pone en peligro esos fines, el pueblo tiene derecho a alterarla o abolirla y a instituir nuevo gobierno, fundamentándolo en los principios, y organizando sus poderes en la forma que, a su juicio, le ofrezcan más posibilidades de alcanzar su seguridad y felicidad”.
Ahí tienes, expresadas en pocas palabras, las respuestas a tus preguntas. El derecho positivo es la garantía del derecho natural, y la garantía para los derechos iguales de todos, incluyendo, por supuesto, el de la libertad, descansa en un gobierno cuya legitimidad emana de la voluntad y consentimiento de los gobernados, principio establecido, por derecho y de hecho, únicamente en una república democrática, donde el pueblo es soberano y los pobres legislan y juzgan. Y donde, además, el ejecutivo, aunque separado, esté subordinado al legislativo.
No hace falta ninguna teoría científica (¡qué horror!) para conseguir que la humanidad pueda alcanzar toda la felicidad de que sea capaz. Ya tenemos experiencia histórica suficiente, tanto sobre caminos sin salida como de puertas abiertas al éxito. Basta con una democracia participativa y deliberativa en la base (en la que se pueda injertar, siguiendo el mismo principio, a nivel nacional, continental o mundial un sistema representativo controlado de cerca por los ciudadanos). A fuerza de deliberar, acabaremos dando con salidas a nuestros problemas locales y mundiales en las que nadie había pensado antes y, guiados por la razón común, encontraremos juntos el modo de hacer libremente lo mejor.
Ni yo me he apoderado, como dices, del significado de la palabra democracia, sino tu mentor político, que se atreve a sentenciar, dogmáticamente, que su “república constitucional” es la democracia. Yo sigo usando el término en el mismo sentido que Montesquieu, Tocqueville o Jefferson, ¿qué digo?, en el sentido mismo que le dio Aristóteles, poco sospechoso de demócrata: “A saber: un régimen político de clase, como todos en última instancia, en el que los muchos pobres libres gobernaban, es decir, controlaban los enormes recursos del Estado para defender políticamente sus intereses sociales y económicos.” (Andrés de Francisco).
Dices que mi idea de democracia es ideológica, y tienes razón, si por ideología se entiende una visión justa, humana y razonable, aunque falible y perfectible, del hombre en sociedad. Pero la teoría política de tu maestro es ideológica en el peor sentido del término; pues, al divorciar la igualdad de condiciones sociales y económicas de la igualdad de derechos y oportunidades, apuesta por una democracia formal o burguesa, donde los muchos pobres y asalariados, sin libertad real, seguirán exprimidos por las oligarquías empresariales, financieras y políticas. Eso sí con “libertad para elegir y deponer a sus gobernantes” (sic). ¡Menuda liberación!
Conozco a un aristócrata en cuanto se atreve a hablar de la gente sencilla. Y cuando afirma que el pueblo no ha sido ni será jamás soberano, sé que ese es su deseo íntimo; y cuando dice que el autogobierno del pueblo es demagógico, es porque lo teme. Pero, dejemos que el pueblo ejerza su soberanía y veremos si no lo hace mejor que esa pretendida élite republicana de tu gurú, pues, como puntualiza A. de Francisco, “la democracia les dio a los pobres más cosas aparte de la palabra. Les abrió asimismo el acceso a las magistraturas y así, ejerciendo el poder ejecutivo, tuvieron la oportunidad de acumular experiencia política, de ensayar y errar, de aprender, de ganar en prudencia. Les dio la posibilidad de gobernar y ser gobernados por turno, como hombres libres. Pero no les hizo propietarios.”
La democracia que yo defiendo, en cambio, les haría igualmente copropietarios o usufructuarios de los medios de subsistencia básicos (suelo, vivienda, etc.), coadministradores de todos los bienes de propiedad pública o común y copartícipes en la gestión de las grandes empresas. Las máquinas y los robots no deben servir para enriquecer a unos pocos, sino para reducir progresivamente la jornada laboral, y descargar a todos los trabajadores de tareas penosas, ingratas, insalubres y humillantes.
En una verdadera democracia todos seremos servidores y todos seremos señores. O, para que se me entienda mejor: seremos iguales. Igualmente libres, igualmente felices e igualmente… diferentes. Diferentes en raza, sexo y talento, pero iguales en derechos políticos y sociales. Porque la verdadera democracia, la democracia completa o total, no consiste en un igualitarismo castrador -donde todos son nivelados por un mismo rasero de mínimos-, ni en un colectivismo gregario -donde el hombre indiferenciado se convierta en masa-, sino en un individualismo bien entendido, en que el libre desarrollo de cada uno sea la condición del libre desarrollo de todos.
La soberanía del pueblo y la democracia social fueron un hecho en la América de los pioneros (Tocqueville y Santayana). Para que pueblos como el nuestro pudieran alcanzarlos bastaría con que lo desearan. Pero “los hombres marchan por dos caminos distintos hacia la servidumbre: El amor al bienestar los induce a desentenderse del gobierno y los somete a una dependencia cada vez mayor de los gobernantes” (Tocqueville).
He ahí el verdadero desafío para los demócratas: cómo sacar a nuestro pueblo de la servidumbre. Porque en última instancia la libertad y la igualdad sólo pueden sustentarse en la voluntad de un pueblo dispuesto a autogobernarse. Reducir la libertad política a elegir y deponer a nuestros gobernantes, en un pueblo acostumbrado a la esclavitud, es una broma de mal gusto. Insisto.
Elaborar teorías sólo sirve para justificar la propia inacción e indecisión. Las teorías puras no son más que puras teorías y, en algunos intelectuales, una simple manía.
Un cordial saludo.
Comentario y respuesta en LIBERTAD ¿PARA QUIÉN?
Hora de publicación: 10:29 pm Clasificado en Debate y escrito por Jesús Nava
-Comentario-
No quiero discutir el tema de la igualdad porque ya lo hemos tocado aquí y no pensamos igual. Otra cosa, no te admito, ni que siquiera insinúes lo que somos ó no capaces de hacer en la calle algunos, cuando no me conoces ni de vista. Tercera cuestión, tampoco permito que te intentes apropiar del significado -que tú le das, distinto al que le doy yo- a la palabra democracia. Incluir en ella la igualdad, aparte de demagógico, es ideológico; por una razón muy sencilla, para llegar a esa supuesta igualdad hay muchos caminos, los comunistas proponen el suyo, los socialistas tenían otro, hay otros que no quieren igualdad, etc…de ahí las distintas ideologías.
Nosotros proponemos libertad política para todos. Y libertad política es que podamos elegir y deponer a nuestros gobernantes libremente. ¿Hay alguien que esté en contra de eso? Pues eso es por lo que luchamos, ¡y se puede conseguir!
Lo tuyo, la igualdad, dices que es posible tenerla algún día…pues si tienes la fórmula que la consiga y -más importante- la garantice, me encantaría conocerla. Nosotros sí tenemos la Teoría que garantiza la libertad de TODOS para elegir y deponer a nuestros representantes. Te ruego me contestes a este último párrafo, e intenta no enrollarte demasiado con otras cosas… si puede ser.

-Respuesta-
En realidad no estaba pensando en ti cuando dije que muchos son leones en Internet y gallinas en la calle. En efecto, no te conozco de nada, y no es mi costumbre juzgar el coraje de los desconocidos.
Creo no enrollarme demasiado si repito, con Tocqueville, Montesquieu, Jefferson o Paine, que quien no ama la igualdad ni lucha por ella, ni ama ni quiere la democracia. ¿Cómo se puede garantizar la igualdad? Pues, por ley, por supuesto; del mismo modo que la propiedad, y la vida sencilla y sobria. Y el único sistema que garantiza la libertad, la equidad y la justicia para todos es la democracia integral, es decir, formal y material, política y social, de derecho y de hecho.
Tú lo dices, vosotros tenéis la teoría que garantiza la libre elección de representantes y la separación de poderes. ¿Y qué? Por supuesto que comparto ese objetivo. Pero siempre y cuando vaya PRECEDIDO de una democracia real en la base, entendida al estilo de los atenienses, como autogobierno de la sociedad por sí misma hasta donde sea posible, y por medio de representantes allí donde no pueda estar presente. Votar y elegir es un juego que no compromete a nada. “Incluso votar por lo justo es no hacer nada por ello” (Thoreau). ¡Qué idea tan pobre, seca y avellanada tenéis de la libertad!
Dejar la democracia social al albur de las ideologías es volver a la misma historia de siempre: a las guerras civiles, si las diferencias sociales son escandalosas, o a la opresión de la mayoría indefensa (sobre todo allí donde hay un ejército permanente) por una minoría de espabilados y acaudalados, o que asaltarán la caja de caudales de la nación en cuanto tengan la llave. Y eso no lo evitará una nueva ley electoral, con elecciones uninominales y con mandato imperativo. Lee, por favor, a Andrés de Francisco, donde resalta el hecho de que el sistema representativo, con sufragio universal e igualdad de derechos políticos, fue usado siempre por las oligarquías, nunca por las democracias.
Hasta que llegó la revolución americana, que injertó -como diría Paine- el sistema representativo en la democracia social preexistente en América, la que tanto deslumbró a Tocqueville, y que tan bien describió y analizó. Esa es la razón por la que la revolución americana fue una lucha por la independencia y la libertad, porque la igualdad democrática ya estaba firmemente asentada en las mentes de los pioneros y en la vida municipal de las colonias.
La “dulce igualdad”, como la llamaba Jefferson, fue el punto de partida de la búsqueda de la “amada libertad”. ¡Qué orgulloso estaba este campeón de la libertad del pueblo de que nadie vería en todo el Estado a un solo mendigo! La democracia americana fue una democracia de propietarios, pero ¿cómo conseguir una democracia para proletarios o asalariados? Ese es el desafío en países desarrollados como España. Para la mayor parte del mundo el reto es conseguir un poco de pan para la cena. ¿Los alimentaréis vosotros con teorías sobre la representatividad, elecciones uninominales y separación de poderes?
Hablar de libertad política, al estilo con que lo hacéis vosotros, es una abstracción intelectual, una teoría sin sustancia y una burla para las clases más modestas. Porque, si insistís en ese punto, seréis liberales, pero no demócratas. No lo digo yo, lo dicen todos los tratadistas de la democracia, incluyendo a los que no eran demócratas. Sin soberanía popular, igualdad ante la ley y autogobierno no hay democracia. Y si crees que esto es ideológico, sea: la democracia social es mi ideología.
Un cordial saludo.
Comentario y respuesta en EL DESPOTISMO Y LA CORRUPCIÓN SE EXTIRPAN CON REFORMAS O REVOLUCIONES
Hora de publicación: 7:16 pm Clasificado en Debate y escrito por Jesús Nava
-Comentario-
Me han llamado la atención estos párrafos, que le comento, para conocer, cuando tenga tiempo, su opinión:
“Cada ciudadano no es autónomo, sino que depende jurídicamente de la sociedad, cuyos preceptos tiene que cumplir en su totalidad, y no tiene derecho a decidir qué es justo o inicuo, piadoso o impío.” Desde mi punto de vista, si un ciudadano individualmente no puede decidir que es justo o no de una sociedad. Si no tiene el poder de discriminar lo que esta bien o lo que está mal de una sociedad, desde su punto de vista , se perdería el espíritu crítico y libre, que es a fin de cuentas lo que hace avanzar a las sociedades.
“Cabe, sin embargo, cuestionar si no es contra el dictamen de la razón someterse plenamente al juicio de otro y, en consecuencia, si el estado político no es irracional.” Someterse plenamente al juicio de otro , sin discriminar, sin resistencia ni oposición es lo más humillante que le puede suceder al ser humano y por supuesto, desde mi punto de vista, que va contra del dictamen de la razón.
“Por otra parte, los hombres, en cuanto gozan, en virtud del derecho civil, de todas las ventajas de la sociedad, se llaman ciudadanos; súbditos, en cambio, en cuanto están obligados a obedecer los estatutos o leyes de dicha sociedad.” De lo que deduzco que actualmente todos somos súbditos, aunque nos creamos ciudadanos. Lo ideal sería ser las dos cosas simultáneamente. Servirnos y servir a la sociedad de la que formamos parte. Pero en nuestra sociedad actual, por desgracia solo somos súbditos. Y ciudadanos cada 4 años por unos breves segundos de tiempo, el que dura meter una papeleta en una urna.
“En la medida, pues, en que quienes nada temen ni esperan, son autónomos, son también enemigos del Estado y con derecho se les puede detener.” No acabo de entender que quiere decir esto. Si alguien nada espera ni teme, simplemente es un ser libre. No entiendo por qué dice que un ser así es un enemigo del Estado y se le puede ¿detener?
Saludos cordiales.

-Respuesta-
Me alegra comprobar que estás ojo avizor y que no se te escapa ni una. Esperaba que los espíritus críticos encontraran extrañas algunas de las afirmaciones de Spinoza contenidas en este fragmento. A mí también me chocaron bastante, sobre todo en una primera lectura, y me parecieron incluso duras.
Respecto al uso que Spinoza hace de los términos ciudadano y súbdito, no hay que darle ninguna importancia. Algunas personas que han entrado a debatir en el blog de la ALCD eran contrarios incluso al uso del término “ciudadano”, y preferían el de “soberano”, que procede de las monarquías absolutas, olvidando que el derecho de uno solo no es derecho alguno.
Lo que importa no son las palabras, sino lo que queremos significar con ellas. Spinoza viene a decir que somos ciudadanos en cuanto disfrutamos de todas las ventajas de la vida civil; y súbditos en cuanto que estamos obligados a obedecer las leyes comunes del Estado.
La obediencia no nos convierte en esclavos; de otra manera, los hijos, en cuanto observan las reglas paternas, serían esclavos y no hijos. No es la obediencia, sino su fin, lo que nos hace libres o esclavos. Si yo obedezco a alguien en beneficio suyo, soy su esclavo; si me someto a las reglas comunes de la convivencia, en esa medida, soy libre; pues las leyes del Estado velan por el bien común, y por lo tanto por el mío, mejor incluso de lo que yo, en la soledad de la vida natural, podría velar por él. Leer más »
Hora de publicación: 3:50 pm Clasificado en Debate y escrito por Jesús Nava
-Comentario-
Del artículo que me recomendó leer, me gustaría comentar los siguientes párrafos, por haberme llamado la atención especialmente:
“Después de tomar de este modo uno tras otro a cada individuo en sus poderosas manos y de moldearlo a su gusto, el soberano extiende sus brazos sobre la sociedad entera; cubre su superficie con una malla de pequeñas reglas complicadas, minuciosas y uniformes, entre las que ni los espíritus más originales ni las almas más vigorosas son capaces de abrirse paso para emerger de la masa; no destruye las voluntades, las ablanda, las doblega y las dirige; rara vez obliga a obrar, se opone constantemente a que se obre; no mata, impide nacer; no tiraniza, pero mortifica, reprime, enerva, apaga, embrutece y reduce al cabo a toda nación a un rebaño de animales tímidos e industriosos cuyo pastor es el gobierno.”
Este tipo de sociedad se parece mucho a la actual. Donde las voluntades se han doblegado de tal manera que la mediocridad reina en las mentes y los corazones.
“Creo que si el despotismo se estableciera en las naciones democráticas contemporáneas, tendría otras características; sería más amplio y más benigno, y degradaría a los hombres sin atormentarlos.”

El despotismo está instaurado en las democracias contemporáneas, se llama corrupción. Se compra de forma suave corrompiendo el alma de los seres en cosas pequeñas primero, después pasa a mayores, y de esa forma gradual y sin darse cuenta el ser humano ha caído en las garras del déspota. Se corrompen instituciones enteras de esta forma. Cuando los hombres son despojados de su alma, de sus principios, de su honor, se convierten en sombra manipulada “degradada sin atormentarse”. Esclavos del déspota.
“En efecto, se hace más difícil concebir cómo hombres que han renunciado enteramente al hábito de dirigirse a ellos mismos podrían elegir acertadamente a quienes han de conducirles; y no es posible que un gobierno liberal, enérgico y sabio, se establezca con los sufragios de un pueblo de esclavos.”
He observado cómo la mayoría de los hombres y mujeres necesitan de un líder. No saben actuar correctamente sin ser guiados. Cuando encuentran a ese líder o, mejor dicho, cuando ese líder les encuentra a ellos, se dejan dominar por él, no se cuestionan sus órdenes, sólo le siguen y punto.
¿Cómo podríamos conseguir sociedades democráticas con gente que no sabe andar el camino con compañeros, con iguales, que necesitan sentirse por debajo o por encima de los demás?
¿Cómo podríamos conseguir sociedades democráticas sin espíritus críticos y libres? Una sociedad democrática implicaría un cambio de mentalidad individual de los seres humanos, una revolución interior y profunda de que todos somos iguales, que todos podemos aportar, de que todos somos necesarios, que nadie es más que nadie.
¿Estamos acaso preparados para andar ese camino? ¿Hemos dejado de ser esclavos que buscan a amos que los dirijan?
-Respuesta-
Das en el clavo hasta con las preguntas que haces. Estamos, en efecto, más que nunca, en ese período del “estado social democrático” (Tocqueville se refiere de esta forma, más que nada, a un estado social de notable igualdad) que nos degrada sin atormentarnos, y nos rebaja por debajo del nivel de humanidad.
Vivimos bajo una nueva forma de despotismo, para la que Tocqueville quería buscar un nuevo nombre. Podríamos llamarlo Estado Paternalista, puesto que su objetivo es infantilizarnos, o Estado Providencia, ya que vela por nosotros de modo tan sobreprotector que llegará el día en que nos eximirá hasta de la responsabilidad de pensar, de sentir, de actuar, de elegir… y hasta de vivir. “No podemos conducir por ti”… ¡Ay, si pudieran!
He leído que el actual ministro de Sanidad ha encargado una macroencuesta para averiguar qué y cómo comemos los españoles. Se han atrevido a meterse en nuestro aliento y en nuestra sangre, aunque no hayamos infringido ninguna ley, para detectar lo que bebemos o fumamos… Acabarán metiéndose en nuestra cocina y en nuestra alcoba, para husmear en nuestros pucheros y en nuestros genitales. ¡Déspotas desgraciados!
Pero lo más trágico no es la corrupción gubernamental, y no olvidemos que el despotismo ya es corrupción, sino la imbecilidad de los gobernados. Los gobernantes, en cuanto el pueblo deja de vigilar, y se enfrasca en sus asuntos privados, se convierten en lobos, incluso bajo una democracia auténtica. Jefferson ya lo advirtió. Por eso, en países con relativas libertades, como España, no se podría comprender ese “conformismo” indecente de los votantes con “lo que hay”, si no nos lo aclarara la psicología individual y social:
“En nuestros contemporáneos actúan incesantemente dos pasiones opuestas; sienten la necesidad de ser conducidos y el deseo de permanecer libres. No pudiendo acabar con ninguna de estas inclinaciones contradictorias, se esfuerzan por satisfacer ambas a la vez. Conciben un poder único, tutelar, todopoderoso, pero elegido por los ciudadanos. Combinan la centralización con la soberanía del pueblo. Esto les permite cierta tranquilidad. Se consuelan de su tutelaje pensando que son ellos mismos quienes eligen a sus tutores.”
Todo se puede explicar. Los fenómenos tienen causas, a veces desconocidas, pero jamás incognoscibles. A los españoles de hoy les encanta vivir enjaulados, mientras la jaula sea dorada y les den alpiste. Pero no me refiero únicamente al pueblo llano, sino sobre todo a los intelectuales, profesionales y universitarios que, poseyendo una cultura superior, tienen una conducta moral notablemente inferior.
He intentado asociar en la ALCD a los que libremente quisieran organizarse para difundir e instaurar los valores morales y los principios políticos de la democracia. Trabajo baldío. ¿Quieres creer que hasta los que más clamaban contra la “servidumbre voluntaria” de la nación me incitaban a ejercer un “liderazgo” en la asociación? Siento decirlo, pero debo hacerlo: los que hablan así no han comprendido, ni comprenderán nunca, el espíritu que inspiró el ideario que les presenté.
Si ni los más sedicentes demócratas son capaces de resolver su contradicción íntima entre el deseo de ser “libres” y el de ser “conducidos”, ¿como va a estar nuestro país preparado para recorrer el camino hacia la democracia? Por eso, a tu pregunta: “¿Hemos dejado de ser esclavos que buscan a amos que los dirijan?”. Mi respuesta es: rotundamente, NO.
Y a estas otras: “¿Cómo podríamos conseguir sociedades democráticas con gente que no sabe andar el camino con compañeros, con iguales, que necesitan sentirse por debajo o por encima de los demás? ¿Cómo podríamos conseguir sociedades democráticas sin espíritus críticos y libres?”. Con gente así, que no sabe caminar al lado de sus compañeros, ni por encima ni por debajo de ellos, y sin espíritu crítico y libre, NO LO CONSEGUIREMOS JAMÁS.
En otro momento hablaremos de la necesaria “revolución interior” de que tú hablas y que Tocqueville llamaba “revolución de las inteligencias”. Porque es imprescindible que ocurra antes de que podamos soñar con una revolución democrática, y a los españoles nos hace más falta que comer.
Sigue pensando, por favor, y comunícame tus pensamientos. Nunca sabrás cuánto me estás ayudando. Puedo equivocarme, pero, después de dos años en Internet, tal vez seas la primera persona con la que estoy en verdadera sintonía. Creo que tienes la suficiente humildad para enseñar y la necesaria generosidad para aprender.
Un cordial saludo.
* * *
Comentario y respuesta en LA CORRUPCIÓN POLÍTICA Y EL AMOR A LOS PARTIDOS [Publicado simultáneamente en Filosofía Digital]
Hora de publicación: 12:36 am Clasificado en Debate y escrito por Jesús Nava
-Comentario-
De rodillas.
-Respuesta-
No se puede llegar muy lejos de rodillas. Y la humillación ante los poderosos nos convierte en menos que hombres.

La libertad democrática en España tiene dos adversarios imponentes: la corrupción de los gobernantes y la imbecilidad de los gobernados.
La primera es un cáncer que corroe las entrañas del país, pero no la temo en absoluto, la desprecio.
Para la segunda no se me ocurre otra cura que echarle encima al pueblo, cual jarro de agua fría, a ver si se despierta de su eterna siesta, todos los derechos de la democracia. Sólo así los españoles se harán adultos y responsables de su propio destino.
Porque están tan mal educados que creen que democracia es hacer lo que les da la gana. Ya va siendo hora de que alguien les diga que democracia es autogobierno, es decir, ocuparse de los asuntos que les competen y dejar de mirar hacia otro lado, mientras esta plaga de políticos que tenemos, déspotas y ladrones, les quitan el fruto de su trabajo -para repartirlo entre sus compinches de partido y sus votantes cómplices-, y arruinan el futuro de sus hijos.
¿De rodillas? Ni para rezar. Yo ya no me arrodillo ni ante Dios.
Saludos.
* * *
Comentario y respuesta en ¿Cuál es el camino hacia la democracia? Publicado simultáneamente en Filosofía Digital.
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