Acaba una refriega, pero la lucha continúa

Hora de publicación: 12:24 pm Clasificado en Protestas y escrito por Jesús Nava

“La lucha continúa. Porque no inicié esta denuncia ante la opinión pública únicamente por mi derecho a seguir trabajando libremente.  Ya va siendo hora de someter a una crítica severa el inaceptable centralismo administrativo de la Aviación Civil en España, que humilla constantemente a los profesionales que se relacionan con ella, al dispensarles un trato caciquil y despótico, propio del siglo XIX, incomprensible en un Estado de Comunidades Autónomas, y yo diría que incompatible con un sistema político y una administración realmente democráticos. Así que no nos rindamos; pues, como decía Tocqueville, no hay nada que la voluntad colectiva de los ciudadanos asociados no pueda conseguir. España debe ser lo que queramos los españoles y no lo que nos impongan unos cuantos burócratas, sean políticos o administrativos, encastillados en sus despachos, y ajenos a la vida profesional y las necesidades reales de los ciudadanos.”

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No puedo estar más de acuerdo con el Sr. Nava, me parece muy fuerte la actitud, prepotente y ofensiva, del Sr. Ingeniero Ocupa, que no deja de ser fiel reflejo de la forma de actuar de la administración para con quienes les mantenemos.

Sr. Nava, le deseo toda la suerte del mundo, espero que le concedan pronto su merecida autorización, ya que estoy seguro que para llegar a ser médico examinador, habrá tenido que invertir usted mucho tiempo y dinero. Lo triste es que en nuestro querido país, gracias a lo “bien” que funciona, para invertir en aviación, hace falta estar loco o ser retrasado mental. Entre la DGAC y AENA, dan ganas de emigrar.

Ojalá que los gallegos que se tengan que desplazar fuera, por la mierda de la burocracia, se planten en el ministerio y le tiren tomates a más de uno. Luego nos quejamos de que aparecen separatismos y demás chorradas. Es lo que se consigue con este centralismo rancio y arcaico.

Saludos.

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Gracias de nuevo, Hurricane. Hoy, a mediodía, mi secretaria y auxiliar, recibía una llamada del jefe de la Sección de Medicina Aeronáutica (AMS), del Ministerio de Fomento, para comunicarnos que mi renovación estaba firmada con fecha de hoy, día 13. Lo digo para conocimiento de cuantos, como usted, han mostrado su interés por el asunto y a los que estoy sumamente agradecido por el apoyo que generosamente me han prestado.

No obstante, la lucha continúa. Porque no inicié esta denuncia ante la opinión pública únicamente por mi derecho a seguir trabajando libremente. Lo que me ha ocurrido a mí, como médico examinador aéreo, les viene ocurriendo a los pilotos privados y profesionales, controladores, auxiliares de vuelo, compañías, escuelas de formación aeronáutica, y a todos cuantos tienen relación profesional con la DGAC.

Ya va siendo hora de someter a una crítica severa el inaceptable centralismo administrativo de la Aviación Civil en España, que humilla constantemente a los profesionales que se relacionan con ella, al dispensarles un trato caciquil y despótico, propio del siglo XIX, incomprensible en un Estado de Comunidades Autónomas, y yo diría que incompatible con un sistema político y una administración realmente democráticos.

Iré desgranando en mi blog de MEDICINA AERONÁUTICA -y en AVIACIÓN DIGITAL, si su atenta dirección lo considera pertinente- todas las quejas que llevo años oyendo de boca de los profesionales, y las objeciones que yo mismo tengo a la aplicación -en mi opinión, restrictiva y arbitraria- que hace la DGAC española de la actual normativa médica JAR-FCL-3.

No, amigo, no hay que emigrar de ningún sitio de España. Los que somos gallegos de nacimiento o de adopción, hemos de trabajar, codo con codo, para hacer de Galicia, además de la tierra cálida y entrañable que ya es, una comunidad de ciudadanos libres y dueños de su destino. Se lo dice un asturiano, encantado de vivir y trabajar aquí desde hace treinta años.

Así que no nos rindamos; pues, como decía Tocqueville, no hay nada que la voluntad colectiva de los ciudadanos asociados no pueda conseguir. España debe ser lo que queramos los españoles y no lo que nos impongan unos cuantos burócratas, sean políticos o administrativos, encastillados en sus despachos, y ajenos a la vida profesional y las necesidades reales de los ciudadanos.

Un cordial saludo.

Publicado en AVIACIÓN DIGITAL – Comentarios, 13/03/2008.

Una revolución pendiente

Hora de publicación: 10:27 pm Clasificado en Protestas y escrito por Jesús Nava

“Pagamos el sueldo de los funcionarios para que nos sirvan, no para que nos manden; para facilitar nuestro trabajo, no para entorpecerlo; para agilizar los trámites necesarios y suprimir los innecesarios, no para desesperarnos en el laberinto kafkiano de su burocracia; para velar porque se nos haga justicia, no para atropellar nuestro derechos. ¿Son conscientes del daño que hacen a las personas cuyas gestiones se eternizan? ¿Se dan cuenta de que no tratan con papeles, sino con personas? Y si un funcionario honesto y eficiente, que no quiere lavarse las manos, me dijera, en un atisbo de conciencia moral, “pero ¿qué debo hacer yo?”, le contestaría lo mismo que H. D. Thoreau decía a los funcionarios del gobierno que decidió desobedecer: “Si en verdad deseas colaborar, renuncia a tu cargo”. Y añadió: “Cuando el súbdito niegue su lealtad y el funcionario sus oficios, la revolución se habrá conseguido”.

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Ayer, por teléfono, me decía un piloto que recordaba una frase, tal vez de Cánovas, en la que decía que la revolución pendiente en la Administración española, era derribar las paredes de los despachos para que los papeles pasaran de mano en mano con fluidez. Desde la primera república, esa revolución sigue pendiente. Y unas cuantas más.

Poncio, el burócrata.

Pero no me incumbe a mí, como particular, sino al gobierno y a los altos funcionarios de los ministerios, purgar la administración de inútiles y parásitos, y hacer que los empleados útiles funcionen con eficacia, rapidez y lealtad hacia los ciudadanos. Un jefe de sección o de área, o un subdirector general, es responsable de la calidad del servicio que prestan sus subordinados, así como un Director General o un/a ministro/a lo son de los suyos; sólo que a cargo más alto, mayor responsabilidad. Y ¿cómo sabemos que un servicio de la Administración es de calidad? Cuando los clientes, o sea: los ciudadanos, digan que es de calidad. Y ¿cómo sabemos quiénes son los responsables de un desaguisado administrativo como el que vengo denunciando? Me temo que serán los tribunales quienes deberán dirimirlo en cualquier caso.

Y ya es el colmo que un funcionario diga que si “nuestra administración no es modélica, tampoco lo son los administrados.” ¿A que la culpa de la ineficiencia de la Administración va a ser nuestra? Pero ¡qué reveladora es esa frase del sentimiento aristocrático de los funcionarios que yo denunciaba en mis primeros artículos! “¡Administrados!” Se creen que porque han hecho una oposición “muy dura”, y se consideran pagados por debajo de sus méritos, tienen derecho a censurar a los ciudadanos que, con sacrificios muy por encima de los suyos, pagan con sus impuestos el salario que perciben. No acaban de entender quién está al servicio de quién, ni que el contribuyente es el único que tiene derecho a exigir de la Administración una conducta modélica. El que paga manda. La conducta de los “administrados” no es asunto de los funcionarios, sólo de los déspotas.

Dije en mis primeros comentarios que lamentaba tener que generalizar al acusar de incapacidad o ineptitud a secciones enteras de la Dirección General de Aviación Civil (DGAC), pues me consta que hay personas competentes y diligentes trabajando en ellas, y no conozco personalmente a ninguno de los altos cargos para evaluar su trabajo. Pero también me preguntaba de qué otra manera se podía denunciar a un sector de la Administración sin generalizar. Yo no estoy allí. No me muevo por los despachos de los funcionarios. No sé quién es operativo y quién no. No soy su jefe. No respondo por ellos.

Sólo soy uno de los contribuyentes que, junto con otros muchos, pagamos el sueldo de los funcionarios para que nos sirvan, no para que nos manden; para facilitar nuestro trabajo, no para entorpecerlo; para agilizar los trámites necesarios y suprimir los innecesarios, no para desesperarnos en el laberinto kafkiano de su burocracia; para velar porque se nos haga justicia, no para atropellar nuestro derecho a una administración eficiente y leal.

Un joven ingeniero aeronáutico de la DGAC reconoce que “a veces “se eternizan. Pues que no lo diga como quien echa pelillos a la mar, porque, ¿son conscientes del daño que hacen a los ciudadanos cuyas gestiones se eternizan? ¿Podrían probar que “a veces” son rápidos? ¿Se dan cuenta de que no tratan con papeles, sino con personas? En realidad, no creo que sean conscientes de nada, y más les vale que sea así; porque, de lo contrario, los ciudadanos podríamos llegar a pensar que algunos de ellos no son probos funcionarios, como presumen de ser, sino simples bribones que viven a nuestra costa.

Y si un funcionario honesto y eficiente, que trabaja en una sección incapaz de desempeñar sus funciones con eficacia, no quisiera lavarse las manos y me dijera, en un atisbo de conciencia moral, “pero ¿qué debo hacer yo?”, le contestaría algo similar a lo que H. D. Thoreau decía a los funcionarios del gobierno americano que decidió desobedecer: “Si en verdad deseas colaborar, renuncia a tu cargo”.

Y añadió: “Cuando el súbdito niegue su lealtad y el funcionario sus oficios, la revolución se habrá conseguido.”

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Publicado en MEDICINA AERONÁUTICA y  AVIACIÓN DIGITAL 

El día que yo me canse

Hora de publicación: 1:53 pm Clasificado en Protestas y escrito por Jesús Nava

”El tiempo nos va matando; y, a veces, los sueños mueren sin florecer”.

Gaucho 

Yo soy el dueño de todo,
pero nunca tengo nada.
Yo hago la luz, hago el fuego,
hago el viento y hago el agua.

Mis manos a la madera,
le hacen hacer maravillas.
Yo soy quien templa el acero,
y quien echa la semilla.

Yo hago la silla y la mesa,
y no tengo ande sentarme.
Total, si ya no me queda,
ni el derecho de cansarme.

Yo hago el palacio y mis hijos,
duermen en ranchos de lata.
Soy martillo, hacha, tenaza,
pinza, cuchara y azada.

Yo soy el dueño de todo,
pero nunca tengo nada.
El día en que yo me canse,
¡van a arder las llamaradas…!

JORGE CAFRUNE

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En el festival de Cosquin, en 1978, y durante el gobierno militar de Videla, ante la solicitud del público para que cantara ZAMBA DE MI ESPERANZA, de Luis Morales, Jorge Cafrune dijo: “Aunque no está en el repertorio autorizado, si mi pueblo me la pide, la voy a cantar”. Ese mismo año murió en un extraño accidente que fue considerado por muchos como una represalia de la dictadura, a modo de advertencia para otros.  

Cuando muere un cantor, mueren sus sueños. Pero, cuando lo matan, se avivan, en el corazón del pueblo, las llamaradas de la libertad que, tarde o temprano, habrán de reducir a cenizas todas las tiranías.

Publicado por Filosofía Digital y Mundo Libre Digital.

¿Qué será de nuestra dignidad si nos achantamos siempre?

Hora de publicación: 1:55 pm Clasificado en Protestas y escrito por Jesús Nava

“Estoy seguro de que todos son conscientes de que hemos dado con un hueso duro de roer. Porque, aparte de la corrupción política del sistema por arriba, nos enfrentamos, por abajo, con funcionarios administrativos, casi siempre aburguesados, pero que constituyen, como diría el genial Tocqueville, “la aristocracia de la nueva sociedad”. En una Administración centralista, un jefe de sección tiene hoy más poder que un noble en la época feudal. Y Bruselas empieza a mandar más que un monarca absoluto antes de la revolución francesa. Ojo al dato. Pero bueno, ¿qué sería de nuestra dignidad si, como hacen casi todos los españoles, más por costumbre que por voluntad, nos achantáramos siempre ante el despotismo y la arbitrariedad, sean políticos o administrativos?” 

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Gracias, a D. Luis Guil Pijuan y a “A vista de pájaro”, por su cordial acogida en el “club de los inconformistas”. Es para mí un honor luchar junto a cualquiera, aunque sea en distintas trincheras, por adecentar y agilizar la Administración española.

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Estoy seguro de que lo que dicen sobre los ingenieros jóvenes es verdad, pero lo desconocía. Lo que sí sabía, y lo dije desde el principio, es que no conozco a nadie que hable bien de la Dirección General de Aviación Civil (DGAC). Todo el mundo tiene quejas, hasta el punto de irse a países vecinos, como Portugal, para realizar gestiones técnicas o administrativas en las que son, al parecer, mucho más ágiles sin ser menos exigentes.

Por mi parte, seguiré trabajando, en la medida que me permita mi modesta posición profesional, para que la Medicina Aeronáutica acabe estando al servicio de la salud y de la seguridad del personal de vuelo y profesionales afines, porque, ahora mismo, considero que tiene como objetivo “impuesto” la busca y captura del que se salga de la normativa médica; y a nosotros, los médicos examinadores aéreos, la DGAC pretende usarnos como el Ministerio del Interior a la Guardia Civil de Tráfico.

No creo ser injusto si interpreto que la DGAC, en el aspecto psicomédico, sigue el principio de “aquí no vuela nadie que no demuestre que puede hacerlo”, mientras que yo opino que “aquí debería poder volar todo el mundo mientras que alguien (no necesariamente un médico desde un despacho) no demuestre, !y rapidito!, que no es apto para hacerlo”.

Pienso, pues, seguir trabajando mediante propuestas (y denuncias) en todos los foros a mi alcance, para intentar racionalizar la normativa médico-aeronáutica y tratar de introducir, en su aplicación, contra la actual actitud policial e inquisitorial hacia los candidatos, un espíritu más servicial y profesional que contribuya a mantener sanos y seguros a nuestros pilotos, controladores y auxiliares de vuelo. Me iré explicando mejor y con más detalle en el futuro inmediato.

Pero estoy seguro de que ustedes son conscientes de que hemos dado con un hueso duro de roer. Porque, aparte de la corrupción política del sistema por arriba, nos enfrentamos, por abajo, con funcionarios administrativos, casi siempre aburguesados, pero que constituyen, como diría el genial Tocqueville, “la aristocracia de la nueva sociedad”. En una Administración centralista, un jefe de sección tiene hoy más poder que un noble en la época feudal. Y Bruselas empieza a mandar más que un monarca absoluto antes de la revolución francesa. Ojo al dato.

Pero bueno, ¿qué sería de nuestra dignidad si, como hacen casi todos los españoles, más por costumbre que por voluntad, nos achantáramos siempre ante el despotismo y la arbitrariedad, sean políticos o administrativos?

Ha sido un placer. Volveremos a encontrarnos. Un abrazo.

Comentario insertado en AVIACIÓN DIGITAL (“Estado sin conciencia y funcionarios sin corazón”. Visualizar portada de fecha: 28/02/2008).

Militar en la resistencia

Hora de publicación: 3:01 pm Clasificado en Protestas y escrito por Jesús Nava

-Comentario- 

Desde luego, Sr. Nava, admiro su dialéctica: “prefiero sufrir mil injusticias antes que cometer una sola”. Este sublime pensamiento le consagra a Ud. como sujeto canonizable ante la “ciudadanía” nacional.

Vamos a ver, a Ud. nadie le acusa de cometer injusticia alguna sino de ser, en mi opinión, un pardal profesional. Porque, según propia confesión, se ha tenido que enfrentar por un lado al “cumplimiento de plazos” establecidos para revalidar o renovar su licencia y, por otro, a su candidez por haber incumplido esos plazos, lo que ha provocado el ser “pillado desprevenido” por la Administración. Estos hechos, que no parecen graves, podrían ser fácilmente solucionados, en mi opinión, por un funcionario experto en estos menesteres. En manos de un novato ingeniero inexperto, presionado por su afán de agradar al Jefe, y que apenas va más allá de la regla de cálculo, la realidad puede distorsionarse absolutamente.

Así que, por favor, ya que como bravo asturiano ha dado la cara en esta noble cuestión, no se venga atrás y pelee con la dureza de la montaña de su tierra, y, a la vez, con la suavidad de las colinas gallegas, por sus derechos. En cuanto a qué clase de “pájaro” soy yo, no se preocupe mucho; déjeme que, de momento, visualice la realidad de esta profesión “a vista de pájaro” y que revolotee con libertad sobre este anublado paisaje. Me conocerá en su momento (”A vista de pájaro”, 29/02/2008).

Resistencia, por Oded Bality, premio World Press Photo y Pulitzer.

-Respuesta-

Tiene usted razón esta vez, soy un pardal que procede de la cuenca minera de Asturias (casi todos mis ancestros eran mineros, incluido mi padre) y soy un pardillo, porque voy por el mundo de buena fe, sin astucias ni doblez.

Sólo descarté el tópico sobre la “sutileza” de los gallegos, la “bravura” de los asturianos o la “claridad” de los castellanos porque, además de no me parecerme justo, como todos los lugares comunes, no tenía ninguna relación con el caso que nos ocupaba ni, por supuesto, con el inexistente retroceso en mi denuncia que usted había calificado como “síndrome de Estocolmo”.

En cuanto a mi preferencia por ser objeto de mil injusticias antes que causante de una sola, tiene que ver con mi filosofía de vida y mi ética privada. Tal vez usted no las entienda o no las comparta, pues, como individuo, no aspiro a ninguna “canonización” (aunque fuere laica), sino a vivir con la honestidad y sobriedad de los más sabios.

Pero, en cuanto que ciudadano, aspiro a que algún día, en España, tengamos, por fin, democracia (en vez de esta corrupta partitocracia y esa abstracción llamada “ciudadanía”, que supongo subraya usted con toda intención), y se acabe de una vez, entre otras cosas, con la dictadura burocrática e ineficiente de una Administración monstruosa y lenta que “oprime sin atormentar”. Pero este tipo de debates filosóficos y políticos son más propios de mis blogs Filosofía Digital y Mundo Libre Digital, donde abogo por una regeneración política y moral de la sociedad, que los españoles necesitamos más que el pan.

Yendo, pues, al grano: mi denuncia sigue en pie. No me retracto de nada, esté tranquilo. He sido inspeccionado ayer. Y estoy seguro de que no tendré ningún problema (más les vale). Pero seguiré denunciando todo lo denunciable -y en solitario, como ahora, porque no espero que nadie más (ni los médicos ni el personal de vuelo) dé la cara y el nombre en esta lucha- sólo que ahora más bien en favor de mis clientes/pacientes (pilotos, controladores y TCPs), que más allá de esta amargo incidente personal, son los verdaderos perjudicados por la lentitud e inoperancia de la DGAC.

Espero, en efecto, poder tener el gusto de conocerle personalmente. Que siga disfrutando de esa hermosa profesión que permite ver el mundo “a vista de pájaro”. Si milita usted en la “resistencia” frente al sistema, tal vez nos encontremos en alguna otra batalla.

Mientras tanto, reciba, de nuevo, un cordial saludo.

Comentario y respuesta en AVIACIÓN DIGITAL ( “Estado sin conciencia y funcionarios sin corazón”. Visualizar portada de fecha: 28/02/2008).

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