Hora de publicación: 4:22 pm Clasificado en La desobediencia civil y escrito por Henry D. Thoreau
“¡Ay, si UN HOMBRE HONESTO en este Estado, dejando de guardar esclavos se retirare efectivamente de esta sociedad nacional de la que es consocio, y fuera por ello encerrado en la cárcel del condado, la esclavitud daría fin en América. Pues no importa cuán pequeño pueda parecer el comienzo: lo que se hace bien, bien hecho queda para siempre. Pero nos gusta más hablar de ello: esa, decimos, es nuestra misión. La Reforma cuenta con innumerables periódicos a su favor, pero no tiene un solo hombre. Si el recaudador de impuestos o cualquier otro funcionario público me pregunta, como así ha ocurrido ya, “pero ¿qué he de hacer yo?”, mi respuesta es: “Si en verdad deseas colaborar, renuncia al cargo”. Cuando el súbdito niegue su lealtad y el funcionario sus oficios, la revolución se habrá conseguido. Dad vuestro voto completo, no una simple tira de papel; comprometed toda vuestra influencia. Una minoría es impotente sólo cuando se aviene a los dictados de la mayoría; no es, entonces, siquiera minoría. Pero es irresistible cuando detiene el curso de los eventos oponiéndoles su peso. Si un millar de personas rehusaran satisfacer sus impuestos este año, la medida no sería ni sangrienta ni violenta. Y esa es, de hecho, la definición de revolución pacífica, si tal es posible.”
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¡AY, SI HUBIERA UN SOLO HOMBRE HONESTO EN EL ESTADO!
Cualquier hombre que sea más justo que sus vecinos, constituye ya una mayoría de uno.

Y yo confronto a este Gobierno americano o a su representante, el Gobierno del Estado, directamente, cara a cara, una vez al año nada más, en la persona de su recaudador de impuestos; del único modo que le cabe hacerlo a un hombre de mi situación; entonces, me dice taxativamente: Reconóceme; y la manera más sencilla y efectiva -y en el estado actual de las cosas, indispensable- de tratarlo en base a esta presentación, expresando tu poca satisfacción y amor para con él es negándolo. Mi convecino civil, el recaudador de impuestos, es la persona con que he de vérmelas -pues es con hombres, al fin y al cabo, y no con papeles, con lo que yo peleo-, persona que libremente ha elegido ser un agente del Gobierno.
Sé bien que si un millar, un centenar, una docena tan sólo de hombres que podría nombrar -si sólo diez hombres honestos…- ¡Ay, si UN HOMBRE HONESTO en este Estado, en Massachusetts, dejando de guardar esclavos se retirare efectivamente de esta sociedad nacional de la que es consocio, y fuera por ello encerrado en la cárcel del condado, la esclavitud daría fin en América.
Pues no importa cuán pequeño pueda parecer el comienzo: lo que se hace bien, bien hecho queda para siempre. Pero nos gusta más hablar de ello: esa, decimos, es nuestra misión. La Reforma cuenta con innumerables periódicos a su favor, pero no tiene un solo hombre.
EL LUGAR APROPIADO PARA EL JUSTO, BAJO UN GOBIERNO INJUSTO, ES LA PRISIÓN
Bajo un gobierno que encarcela a cualquiera injustamente, el lugar apropiado para el justo es también la prisión. Y, hoy, el sitio adecuado, el único que Massachusetts ha proporcionado para sus espíritus más libres y menos desalentables está en sus prisiones, donde han de ser separados y enajenados del Estado, por acción de éste, dado que ellos ya lo han hecho por sus principios.
Allí es donde debieran dar con ellos el esclavo fujitivo y el prisionero mejicano en libertad condicional, y el indio venido a denunciar las injusticias hechas a su raza; en este terreno de exclusión, pero más libre y honorable, donde el Estado coloca a aquellos que no están con él, sino contra él -el único hábitat donde, en un Estado esclavizador, el hombre puede vivir con honor.
Dad vuestro voto completo, no una simple tira de papel; comprometed toda vuestra influencia. Una minoría es impotente sólo cuando se aviene a los dictados de la mayoría; no es, entonces, siquiera minoría. Pero es irresistible cuando detiene el curso de los eventos oponiéndoles su peso.
Si un millar de personas rehusaran satisfacer sus impuestos este año, la medida no sería ni sangrienta ni violenta, como sí, en cambio, el proceder contrario, que le permitiría al Estado el continuar perpetrando acciones violentas con derramamiento de sangre inocente. Y esa es, de hecho, la definición de revolución pacífica, si tal es posible.
TEXTO COMPLETO EN UNA REVOLUCIÓN PACÍFICA
Hora de publicación: 10:34 am Clasificado en La desobediencia civil y escrito por Henry D. Thoreau
“La gran masa de los hombres sirve al Estado, pues, así; no sólo como hombres principalmente, sino como máquinas. En la mayoría de los casos no existe ejercicio alguno libre, sea del propio juicio o del sentido moral, sino relegamiento al nivel del leño, de la tierra o de las piedras; y quizás puedan construirse algún día hombres que cumplan con igual perfección este cometido. Tales no merecen más respeto que un fantoche o que basura. Su valor raya con el de los caballos y los perros. Sin embargo, incluso se les reputa buenos ciudadanos. Todos los hombres reconocen el derecho a la revolución, es decir, el privilegio de rehusar adhesión al gobierno y de resistírsele cuando su tiranía o su incapacidad son visibles e intolerables. Pero casi todo el mundo dice que no éste el caso actual, aunque opinan que sí lo fue cuando la Revolución Americana. Pero cuando la opresión y el robo se organizan, yo digo: desprendámonos de esta máquina inmediatamente.”
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De todo corazón acepto el lema de que “el mejor gobierno es el que gobierna menos”, y me gustaría que fuera honrado con más diligencia y sistema. En la práctica significa asimismo, lo cual también creo: “que el mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto”; y cuando los hombres estén preparados para él, ese y no otro será el que tendrán.
EL GOBIERNO ES A LO SUMO UNA CONVENIENCIA
El Gobierno es, a lo más, una conveniencia; aunque la mayoría de ellos suelen ser inútiles, y alguna vez, todos sin excepción, inconvenientes. Las objeciones puestas al hecho de contar con un ejército regular, que son muchas y de peso, y merecen prevalecer, pueden ser referidas en última instancia a la presencia de un Gobierno igual de establecido.

El ejército regular no es sino el brazo armado del Gobierno permanente. Este, a su vez, aunque no representa sino el modo elegido por el pueblo de ejecutar su voluntad, es igualmente susceptible de abuso y perversión antes de que aquél pueda siquiera actuar por su mediación.
NO RECLAMO LA AUSENCIA DE GOBIERNO, SINO EN SEGUIDA UNO MEJOR
Pero, para hablar prácticamente, como simple ciudadano, y a diferencia de quienes se autotitulan “hombres de ningún gobierno”, yo reclamo, no la ausencia de todo gobierno, sino, en seguida, uno mejor. Que cada hombre haga saber qué clase de Gobierno gozaría de su respeto, y ése será el primer paso para conseguirlo.
Después de todo, la razón práctica de por qué, cuando el poder se encuentra en manos del pueblo, se permite que gobierne una mayoría y que continúe haciéndolo así durante un largo período de tiempo, no responde al hecho de que sean más susceptibles de verse en posesión de la verdad ni al de que tal se antoje como más propio a la minoría, sino a que son físicamente los más fuertes. Pero un Gobierno tal, que la mayoría juzgue en todos los casos, no puede basarse en la justicia, incluso tal como la entienden los hombres.
¿No puede haber un Gobierno donde la mayoría no decida virtualmente mal o bien, sino en conciencia? ¿Donde la mayoría falle sólo aquellas cuestiones a las que es aplicable un criterio utilitario? ¿Debe rendir el ciudadano su conciencia, siquiera por un momento, o en el grado más mínimo, al legislador? ¿Por qué posee, pues, cada hombre una conciencia? Estimo que debiéramos ser hombres primero y súbditos luego. No es deseable cultivar por la ley un respeto igual al que se acuerda a lo justo. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en todo momento lo que considero propio.
UNOS POCOS, MUY POCOS, SIRVEN AL ESTADO EN CONCIENCIA
La gran masa de los hombres sirve al Estado, pues, así; no sólo como hombres principalmente, sino como máquinas. Son ejército permanente y milicia establecida, carceleros, guardias, fuerza del condado, etc. En la mayoría de los casos no existe ejercicio alguno libre, sea del propio juicio o del sentido moral, sino relegamiento al nivel del leño, de la tierra o de las piedras; y quizás puedan construirse algún día hombres que cumplan con igual perfección este cometido. Tales no merecen más respeto que un fantoche o que basura. Su valor raya con el de los caballos y los perros. Sin embargo, incluso se les reputa buenos ciudadanos.
Otros, como es el caso de la mayoría de legisladores, políticos, juristas, clérigos y funcionarios, ven al Estado principalmente con la cabeza; y como quiera que raramente establecen distinciones morales, son tan susceptibles de servir al mal, sin intención, como a Dios.
Unos pocos, muy pocos, héroes, mártires, reformadores -que no reformistas-, y hombres sirven al Estado también con su conciencia, y así, se le resisten las más de las veces; y éste les trata como enemigos. El hombre prudente sólo se revelará útil y no se avendrá a ser “barro” ni a “obturar un agujero para detener al viento”, sino que, por lo menos dejará esa tarea a su polvo:
“Nací demasiado alto para ser poseído
o segundo al mando,
o útil hombre-capaz e instrumento
de ningún estado soberano.”
Todos los hombres reconocen el derecho a la revolución, es decir, el privilegio de rehusar adhesión al gobierno y de resistírsele cuando su tiranía o su incapacidad son visibles e intolerables. Pero casi todo el mundo dice que no éste el caso actual, aunque opinan que sí lo fue cuando la Revolución Americana.
Si alguien fuere a decirme que el presente es un mal gobierno porque gravó ciertos artículos extranjeros arribados a sus puertos, lo más probable es que me quedara impertérrito puesto que puedo pasarme perfectamente sin ellos: todas las máquinas poseen roces. Y posiblemente ello resulte en bien suficiente para contrarrestar el mal. En cualquier caso, es mal mayor el soliviantarse por ello.
Pero cuando los roces buscan máquina en que alojarse, y la opresión y el robo se organizan, yo digo: desprendámonos de esta máquina inmediatamente.
TEXTO COMPLETO EN PRIMERO HOMBRES, DESPUÉS CIUDADANOS
Hora de publicación: 7:05 pm Clasificado en La desobediencia civil y escrito por Henry D. Thoreau
“La acción en base a los principios -la percepción y la práctica de lo que es justo- cambia las cosas y las relaciones; es esencialmente revolucionaria, y no casa plenamente con lo anterior. No sólo divide estados e iglesias; divide familias. ¡Sí! Divide al individuo separando en él lo diabólico de lo divino. Hay leyes injustas. ¿Nos contentaremos obedeciéndolas o trataremos de corregirlas y seguiremos obedeciendo hasta que lo consigamos o, más bien, las transgrediremos en seguida? No es asunto mío andar con peticiones al Gobernador o la Legislatura, como tampoco de ellos el de mandarme a mí; y si prestaren oídos sordos a mis reclamaciones ¿qué debería hacer yo entonces? Pero ante tal contingencia, el Estado no ha proporcionado consecuencia; es su propia Constitución la que está en falta.”
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TODA VOTACIÓN ES UN JUEGO. INCLUSO VOTAR POR LO JUSTO ES NO HACER NADA POR ELLO:
“Toda votación es un juego, como el de damas o el chanquete, pero con leve tinte moral, un quehacer festivo con el Bien y el Mal, con resonancias morales; y el envite, naturalmente, es inherente a él. No se apuesta sobre el carácter de los votantes. Yo deposito mi voto, quizá, por lo que estimo correcto; pero no me siento vitalmente interesado en que prevalezca. Estoy dispuesto a dejarlo en manos de la mayoría.”
“Su obligación, por tanto, jamás pasa del grado de lo conveniente. Incluso votar por lo justo es no hacer nada por ello. Apenas significa otra cosa que exponer débilmente a los hombres el deseo de que fuera así. El hombre prudente no dejará lo justo a merced del azar ni deseará que prevalezca gracias al poder de la mayoría. “

“Poca es la virtud que encierra la masa. Cuando la mayoría vote, por fin, por la abolición de la esclavitud, será porque es indiferente a ella o porque queda ya muy poca que abolir mediante su voto. Serán ellos, entonces, los únicos esclavos. Sólo el voto de aquél que afirma con él su propia libertad puede acelerar la abolición de la esclavitud.”
¿HAY ALGÚN ESPÍRITU QUE SEPA APRECIAR ESTAS PALABRAS Y PUEDA MERECERLAS? PORQUE ÉSE, Y SÓLO ÉSE, DEBE SER TRATADO CON TODA CONSIDERACIÓN Y RESPETO:
“Hay novecientos noventa y nueve defensores de la virtud por cada hombre virtuoso; pero es mucho más fácil tratar con el poseedor real de algo que con su guardián temporal.”
“¿Cómo puede sentirse satisfecho un hombre tan sólo por sustentar una opinión, y cómo puede hasta gozar de ello? ¿Hay algún disfrute en hacerlo, si en su opinión está siendo vejado? Si tu vecino te estafa un solo dólar, no te quedas tan ancho con el conocimiento del hecho ni con proclamarlo así; ni siquiera exigiéndole la debida restitución, sino que tomas medidas inmediatas para hacerla efectiva, al tiempo que dispones las necesarias para que el lance no vuelva a ocurrir. La acción en base a los principios -la percepción y la práctica de lo que es justo- cambia las cosas y las relaciones; es esencialmente revolucionaria, y no casa plenamente con lo anterior. No sólo divide estados e iglesias; divide familias. ¡Sí! Divide al individuo separando en él lo diabólico de lo divino.”
“Hay leyes injustas. ¿Nos contentaremos obedeciéndolas o trataremos de corregirlas y seguiremos obedeciendo hasta que lo consigamos o, más bien, las transgrediremos en seguida? Bajo un Gobierno como el presente, los hombres piensan por lo general que es mejor aguardar hasta haber persuadido a la mayoría de la necesidad de alterarlas. Piensan que, de resistirse, el remedio sería peor que la enfermedad.”
“En cuanto a adoptar los modos aportados por el Estado para remedio del mal, no los reconozco como tales. Requieren demasiado tiempo y la vida del hombre es breve. Tengo otros asuntos que atender. Vine a este mundo no para hacer de él principalmente un buen lugar donde vivir, sino para vivir en él fuera bueno o malo. Al hombre no le cabe el hacerlo todo, sino algo; y porque no puede hacer todas las cosas, no es necesario que haga algo mal.”
“No es asunto mío andar con peticiones al Gobernador o la Legislatura, como tampoco de ellos el de mandarme a mí; y si prestaren oídos sordos a mis reclamaciones ¿qué debería hacer yo entonces? Pero ante tal contingencia, el Estado no ha proporcionado consecuencia; es su propia Constitución la que está en falta.”
“Puede que lo que diga parezca duro, intransigente o poco conciliador; pero el espíritu que pueda apreciarlo o merecerlo debe ser tratado con el máximo de amabilidad y consideración. Así, todo cambio sería para mejorar, como que el nacimiento y la muerte convulsionan el cuerpo.”
TEXTO COMPLETO EN LOOR AL HOMBRE QUE ES UN HOMBRE
Hora de publicación: 11:07 pm Clasificado en La desobediencia civil y escrito por Henry D. Thoreau
“Dad vuestro voto completo, no una simple tira de papel; comprometed toda vuestra influencia. Una minoría es impotente sólo cuando se aviene a los dictados de la mayoría. Pero es irresistible cuando detiene el curso de los eventos oponiéndoles su peso. Si un millar de personas rehusaran satisfacer sus impuestos este año, la medida no sería ni sangrienta ni violenta. Y esa es, de hecho, la definición de revolución pacífica, si tal es posible. Cuando el súbdito niegue su lealtad y el funcionario sus oficios, la revolución se habrá conseguido.”
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No vacilo en decir que quienes se proclaman abolicionistas debieran retirar inmediata y efectivamente todo su apoyo, tanto personal como material, al gobierno de Massachusetts sin esperar a constituir una mayoría de uno para que les afecte el derecho de prevalecer por vía colectiva.
¡AY, SI HUBIERA UN SOLO HOMBRE HONESTO EN EL ESTADO!
Estimo que es suficiente si tienen a Dios de su parte, y que no hace falta aguardar a sumar ese uno adicional. Además, cualquier hombre que sea más justo que sus vecinos, constituye ya una mayoría de uno.

Y yo confronto a este Gobierno americano o a su representante, el Gobierno del Estado, directamente, cara a cara, una vez al año nada más, en la persona de su recaudador de impuestos; del único modo que le cabe hacerlo a un hombre de mi situación; entonces, me dice taxativamente: Reconóceme; y la manera más sencilla y efectiva -y en el estado actual de las cosas, indispensable- de tratarlo en base a esta presentación, expresando tu poca satisfacción y amor para con él es negándolo. Mi convecino civil, el recaudador de impuestos, es la persona con que he de vérmelas -pues es con hombres, al fin y al cabo, y no con papeles, con lo que yo peleo-, persona que libremente ha elegido ser un agente del Gobierno.
Sé bien que si un millar, un centenar, una docena tan sólo de hombres que podría nombrar -si sólo diez hombres honestos…- ¡Ay, si UN HOMBRE HONESTO en este Estado, en Massachusetts, dejando de guardar esclavos se retirare efectivamente de esta sociedad nacional de la que es consocio, y fuera por ello encerrado en la cárcel del condado, la esclavitud daría fin en América.
Pues no importa cuán pequeño pueda parecer el comienzo: lo que se hace bien, bien hecho queda para siempre. Pero nos gusta más hablar de ello: esa, decimos, es nuestra misión. La Reforma cuenta con innumerables periódicos a su favor, pero no tiene un solo hombre.
EL LUGAR APROPIADO PARA EL JUSTO, BAJO UN GOBIERNO INJUSTO, ES LA PRISIÓN
Bajo un gobierno que encarcela a cualquiera injustamente, el lugar apropiado para el justo es también la prisión. Y, hoy, el sitio adecuado, el único que Massachusetts ha proporcionado para sus espíritus más libres y menos desalentables está en sus prisiones, donde han de ser separados y enajenados del Estado, por acción de éste, dado que ellos ya lo han hecho por sus principios.
Allí es donde debieran dar con ellos el esclavo fujitivo y el prisionero mejicano en libertad condicional, y el indio venido a denunciar las injusticias hechas a su raza; en este terreno de exclusión, pero más libre y honorable, donde el Estado coloca a aquellos que no están con él, sino contra él -el único hábitat donde, en un Estado esclavizador, el hombre puede vivir con honor.
Si alguien cree que su influencia se perdería en ese lugar, que sus voces, pues, han dejado de infligirse a los oídos del Estado, y que ya no es enemigo de cuenta tras de los muros, si alguien piensa así, digo, es que no sabe que la verdad es mucho más fuerte que el error, ni con cuánta mayor eficacia y elocuencia puede combatir la injusticia aquél que la ha experimentado, aunque sólo sea en medida escasa, en su propia persona.
Dad vuestro voto completo, no una simple tira de papel; comprometed toda vuestra influencia. Una minoría es impotente sólo cuando se aviene a los dictados de la mayoría; no es, entonces, siquiera minoría. Pero es irresistible cuando detiene el curso de los eventos oponiéndoles su peso.
Si un millar de personas rehusaran satisfacer sus impuestos este año, la medida no sería ni sangrienta ni violenta, como sí, en cambio, el proceder contrario, que le permitiría al Estado el continuar perpetrando acciones violentas con derramamiento de sangre inocente. Y esa es, de hecho, la definición de revolución pacífica, si tal es posible. Leer más »
Hora de publicación: 4:12 pm Clasificado en La desobediencia civil y escrito por Henry D. Thoreau
“Toda votación es un juego, como el de damas o el chanquete, pero con leve tinte moral, un quehacer festivo con el Bien y el Mal, con resonancias morales. Yo deposito mi voto, quizá, por lo que estimo correcto; pero no me siento vitalmente interesado en que prevalezca. Estoy dispuesto a dejarlo en manos de la mayoría. Lo que hay que hacer, en todo caso, es no prestarse a servir al mismo mal que se condena. Al hombre no le cabe el hacerlo todo, sino algo; y porque no puede hacer todas las cosas, no es necesario que haga algo mal.”
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Hay novecientos noventa y nueve defensores de la virtud por cada hombre virtuoso; pero es mucho más fácil tratar con el poseedor real de algo que con su guardián temporal.

INCLUSO VOTAR POR LO JUSTO ES NO HACER NADA POR ELLO
Toda votación es un juego, como el de damas o el chanquete, pero con leve tinte moral, un quehacer festivo con el Bien y el Mal, con resonancias morales; y el envite, naturalmente, es inherente a él. No se apuesta sobre el carácter de los votantes. Yo deposito mi voto, quizá, por lo que estimo correcto; pero no me siento vitalmente interesado en que prevalezca. Estoy dispuesto a dejarlo en manos de la mayoría.
Su obligación, por tanto, jamás pasa del grado de lo conveniente. Incluso votar por lo justo es no hacer nada por ello. Apenas significa otra cosa que exponer débilmente a los hombres el deseo de que fuera así. El hombre prudente no dejará lo justo a merced del azar ni deseará que prevalezca gracias al poder de la mayoría. Poca es la virtud que encierra la masa. Cuando la mayoría vote, por fin, por la abolición de la esclavitud, será porque es indiferente a ella o porque queda ya muy poca que abolir mediante su voto. Serán ellos, entonces, los únicos esclavos. Sólo el voto de aquél que afirma con él su propia libertad puede acelerar la abolición de la esclavitud. Leer más »
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