TODOS SOMOS RESPONSABLES DE LA CORRUPCIÓN
La larga lista de hechos corruptos que apunta J.J. en su artículo EL ESTADO DE LA CORRUPCIÓN, sobre la corrupción social, cultural y política españolas, no tiene por qué ser absolutamente cierta caso por caso. Y tampoco tiene que encontrarse una relación causal directa entre partitocracia (corrupción política en sí misma) y todas las modalidades de corrupción que él cita. Pero si no ves la relación inmediata -en algunos casos- o la mediata -en otros muchos- es que estás ciego, como bien dice Linus aquí y en CUÁL ES LA REALIDAD, o que no quieres ver la verdad, el peor tipo de ceguera que se puede padecer.
Podría contarte experiencias personales, obtenidas en el curso de los años, en ámbitos tan distintos como la educación, la sanidad, las obras públicas, el asociacionismo, la universidad, la justicia, la prensa, el orden público, etc., donde quedó archiprobado, al menos para mí, cómo un sistema político corrupto desde su origen, y que ahora ya hiede de lejos, ha ido corrompiendo y desmoralizando la sociedad, la cultura y las costumbres de los ciudadanos. No quiero convencerte de nada. Pero nosotros – creo que en esto puedo hablar en nombre de todos los que nos hemos integrado como iniciadores o fundadores de nuestra ALCD- sí estamos convencidos. No es que la causa de todos los males sea el Gobierno (éste o los pasados), sino el sistema partitocrático, esencialmente inmoral e indecente, que ha infiltrado con sus miasmas de corrupción a toda la sociedad.
Desde luego, yo no soy de los que cree que la propia sociedad no tiene ninguna responsabilidad en su propia corrupción. Los españoles hemos sido educados, durante siglos, en la hipocresía, la picaresca y el cinismo oportunista y cobarde. De ellos son responsables principales el poder político y el religioso, casi siempre conchabados contra el pueblo, o al menos contra su integridad natural. Pero todos tenemos nuestra parte de responsabilidad en la corrupción, unos más y otros menos, ya que tal como hemos sido educados, así nos comportamos. Y sólo unos cuantos tienen fuerza de espíritu y redaños suficientes para ser libres en un país y con un sistema político-religioso-económico que no lo es.
En nuestra ALCD no necesitaremos hacer selección ni filtro alguno con sus asociados futuros. Sólo hombres y mujeres libres, sin prejuicios ni sectarismo, se nos unirán. Los demás se irán por sí solos cuando vean que aquí no se está constituyendo una plataforma en beneficio de ninguna ambición particular, sino en favor de la democracia, es decir, la libertad política de todos los ciudadanos. Porque sólo hombres y mujeres, filosófica y moralmente libres, percibirán con claridad que carecemos de libertad política y sentirán la necesidad de extender la libertad a toda la sociedad. Los que crean que el debate oligocracia / democracia es un debate académico entre intelectuales o entre profesionales de la discusión, están en la luna. Aquí, en la tierra, está en juego la libertad -que ahora no tenemos- y la moralización que la libertad traerá, como una corriente de aire fresco, a nuestra sociedad, su cultura y sus costumbres.
Ya que sigo sin verte animado a participar en esta tarea gloriosa, espero que, al menos, vivas para ver cómo otros vamos a intentar cumplirla, al precio que sea.
Un saludo.