Atrapados en la Red
“Jamás ningún movimiento, fuera político o religioso, llegó a ser algo sin una doctrina clara y unos pioneros que la difundieran con pasión y devoción. Nunca pretendí que todos los adheridos a la ALCD tuvieran semejante arrojo y decisión. Para eso hace falta un carácter muy especial y sentir, como Paine, Jefferson o Tocqueville, adoración por la libertad. Yo no he venido a este mundo para ser servido, sino para servir, y aunque no tengo ego alguno que satisfacer, sí me quedan algunos servicios que prestar. Entre ellos, contribuir de algún modo a animar, asociar y organizar a todas las buenas personas que pueda, a fin de construir un mundo bueno y una nueva sociedad. Así pues, si he de gastar mi pólvora -y lo que me resta de vida- en algo útil, no será precisamente en montar una fiesta de fuegos artificiales para entrenimiento y regocijo de espectadores ávidos de ruido y humo, sino para intentar tomar la Bastilla de la opresión, empleando la que me sobre en celebrar la libertad.”
* * * * * *
Estimados compañeros:
Como decíamos ayer… No, no hace falta ser un apóstol de la democracia para pertenecer a la ALCD, pero para instaurarla y difundirla, sí. Jamás ningún movimiento, fuera político o religioso, llegó a ser algo sin una doctrina clara y unos pioneros que la difundieran con pasión y devoción, casi siempre arriesgando vidas y haciendas.
Nunca pretendí que todos los adheridos a nuestro ideario tuvieron semejante arrojo y decisión. Para eso hace falta un carácter muy especial y sentir, como Paine, Jefferson o Tocqueville, adoración por la libertad. Pero si hoy, en España, en un ambiente de tolerancia política y libertades civiles, no nos ponemos de acuerdo al menos seis o siete demócratas -a ser posible con cierta resonancia social o al menos capaces de conseguirla-, para presentarla, legalizarla y echarla a rodar, jamás saldremos de la “red” en la que estamos atrapados. La ALCD seguirá siendo una asociación virtual, pero no real.
Cuando hace casi dos años empecé a escribir de política en Filosofía Digital, ni se me pasó por la cabeza que pudiéramos llegar tan lejos. Ni que algún día, por ejemplo, podría trabajar mano a mano con mi admirado, durante años, García-Trevijano (y distanciarme de él en menos de un mes). A decir verdad, al principio de mi aventura digital ni siquiera me interesaba demasiado escribir de política. Y, sin embargo, aunque no pasaremos a los libros, hemos hecho un poco de historia. Una historia leve, pero no anodina, de la que personalmente me siento muy orgulloso, y de la que todos vosotros formáis parte.
Pero si, en esta segunda fase, no estamos dispuestos a poner nuestra cara en una presentación en sociedad, especialmente los más conocidos, estaremos condenados para siempre a vagar por Internet como almas en pena, a la manera de un movimiento fantasma. Para esto, como comprenderéis, no hacen falta estatutos ni asociación de ciudadanos. Basta y sobra con un blog, un portal y un foro. Y eso ya lo tenemos. Lo que no tenemos ahora son varias de las personas claves con las que contábamos para presentar la asociación ante los ciudadanos y los medios de comunicación.
Desde luego, hay otra posibilidad: dejar que la ALCD sea un simple foro cultural para debatir sobre la democracia, aunque no sea lo que se pretendió al iniciarla. Me pareció que podíamos derivar por ahí y, por eso, en su momento, di un toque de atención. Porque fijaos, por favor, lo lejos que estaba mi propósito de que todo quedara en algo cultural que, incluso en el ideario, se hablaba de palabras mayores, como la desobediencia civil o la resistencia pasiva, para luchar por la democracia. Incluso expresamos nuestra confianza de que de la ALCD, y asociaciones similares, saldrían “los más honestos representantes del pueblo en la venidera democracia”.
No sé cómo ni cuándo se podrá conquistar la libertad democrática en España, pero sí sé que ningún camino nos conducirá hasta ella sin lucha y sacrificios. Desde luego, si no hay españoles suficientes dispuestos a luchar, no llegará nunca, porque nadie nos la va a conceder graciosamente. Entre cosas, porque una libertad otorgada no será nunca la verdadera libertad, sino un disfraz nuevo de la vieja tiranía, que aflojará las riendas con que tiene embridado al pueblo, pero sin soltarlas jamás.
Ni me retiro de la lucha por la democracia ni me desvinculo de sus principios. La ALCD contará siempre conmigo aunque quede reducida a un foro para hablar y debatir sobre democracia. No me considero con derecho a pedir a nadie más de lo que puede dar. Y algunos de vosotros sabéis que he sido especialmente sensible a vuestras circunstancias personales. De hecho, nunca he pedido nada a nadie, excepto que atendierais a vuestros estudios, trabajos o familias antes que a la política. Cada cual se ha vinculado y comprometido libremente como ha querido.
Pero comprended, por favor, que si vais a debatir sobre la conversión de la asociación en otra cosa diferente a lo que quise desde el principio que fuera, yo no participe en el debate, aunque aceptaré sus resultados si son tomados por una mayoría significativa. Sé que parece una locura, pero mis esfuerzos estarán dirigidos a intentar realizar los mismos objetivos por los que la ALCD suspira en Internet. Aunque aún no sepa si tal cosa será posible con los medios que he proyectado, estoy seguro de no lo será si nos condenamos a nosotros mismos a hablar o escribir siempre y no hacer nada.
Respeto el punto de vista de cada uno de vosotros, hasta donde lo he podido conocer. Y creo que lo comprendo. Respetad y comprended el mío. Hace ya mucho tiempo que he atravesado el ecuador de mi hipotética esperanza de vida. Mi vida personal está colmada. Mis metas espirituales alcanzadas. Yo no he venido a este mundo para ser servido, sino para servir, y aunque no tengo ego alguno que satisfacer, sí me quedan algunos servicios que prestar. Entre ellos, contribuir de algún modo a animar, asociar y organizar a todas las buenas personas que pueda, a fin de construir un mundo bueno y una nueva sociedad.
Así pues, si he de gastar mi pólvora -y lo que me resta de vida- en algo útil, no será precisamente en montar una fiesta de fuegos artificiales para entrenimiento y regocijo de espectadores ávidos de ruido y humo, sino para intentar tomar la Bastilla de la opresión, empleando la que me sobre, eso sí, en celebrar la libertad.
De cualquier modo, espero que acabéis pronto con la agonía del blog y de la propia asociación, y toméis una decisión, entre todos, sobre su futuro, ya para rematarlos ya para reanimarlos. En caso contrario, como administrador del blog e iniciador de la ALCD, me veré obligado a tomarla yo. Prefiero que los malevolentes nos consideren unos pretenciosos, que iniciamos una gran obra que fuimos incapaces de culminar, a que, viendo las ruinas de nuestra asociación, los benevolentes se desesperen pensando que la democracia en España y en el mundo es, hoy por hoy, un sueño inalcanzable. No quiero que la ALCD sea otro intento fallido más en la historia del asociacionismo español, sino que, a lo sumo, quede como un buen proyecto que tomó un camino equivocado.
Suerte con vuestros problemas personales y vuestra travesía hacia la democracia. Un abrazo para todos.

