El fuego purificador de la palabra

Hora de publicación: 6:21 pm Clasificado en Opinión y escrito por Maria Dolores

“Con el paso de los años he observado que las personas más sabias, inteligentes y cultas son las más sencillas, humildes y de trato más cálido y humano. Y las menos inteligentes y sabias son las más soberbias y altaneras. Estas últimas se creen superiores a sus semejantes y con derecho a dirigirlos y humillarlos venido el caso. Es asqueante ver a ese tipo de personalidades en cualquier lugar, pero principalmente en la política y la educación. Son una lacra para nuestra sociedad, nuestro medio ambiente, nuestra evolución y nuestra dignidad. Porque de zarzas está plagada nuestra sociedad, y yo voy a pegar fuego a todas las zarzas del mundo con la palabra. Y voy a abrazar, cuidar y dar las gracias a los hermosos, humildes y útiles árboles que nos dan tan generosamente sus frutos, sombra y oxígeno, allí dónde estén.”

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Una mente pura detesta imponerse a sus semejantes y, como diría Washington, considera que la honradez es siempre la mejor política”.

Con el paso de los años he observado que las personas más sabias, inteligentes y cultas son las más sencillas, humildes y de trato más cálido y humano. Y las menos inteligentes y sabias son las más soberbias y altaneras. Estas últimas se creen superiores a sus semejantes y con derecho a dirigirlos y humillarlos venido el caso.

Fuego por la mañana, de Nature.

Es asqueante ver a ese tipo de personalidades en cualquier lugar, pero principalmente en la política y la educación. Son una lacra para nuestra sociedad, nuestro medio ambiente, nuestra evolución y nuestra dignidad.

He copiado en favoritos este texto, porque me parece magistral todo su contenido. Son pensamientos que siempre me han acompañado y ahora encuentran una forma de expresión sublime en este texto, que leeré una y mil veces (lo he copiado en favoritos). Y cada vez que me tope con algún personajillo, muy abundantes por desgracia, en nuestra actual sociedad, lo recordaré para no deprimirme y para sentirme menos sola.

También me voy a aprender de memoria este pasaje de la Biblia, para que jamás se me olvide y venido el caso recitárselo a quien corresponda:

Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros. Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles? Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros. Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? Dijeron entonces todos los árboles a la zarza: Anda tú, reina sobre nosotros. Y la zarza respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano.”

Porque de zarzas está plagada nuestra sociedad; y yo, que, a estas alturas, de santa tengo muy poco y la lengua con el paso de los años se me está soltando, sin freno ni vergüenza, ante los personajillos, voy a pegar fuego a todas las zarzas del mundo con la palabra. Y voy a abrazar, cuidar y dar las gracias a los hermosos, humildes y útiles árboles que nos dan tan generosamente sus frutos, sombra y oxígeno, allí dónde estén.

Gracias por este magnífico artículo.

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Publicado en TRIBUNA LIBRE, sección de Filosofía Digital

Cómo juzga el pueblo el carácter de los que aspiran a los cargos

Hora de publicación: 7:29 pm Clasificado en DEMOTECA y escrito por Nicolas Maquiavelo

“Los pueblos cometen muchos menos errores que los príncipes, tanto en lo que respecta a las falsas opiniones como en lo que toca a la corrupción. Puede ser que los pueblos sean engañados por la fama, la opinión y los actos de un hombre, estimándolo más de lo que merece; por eso, los buenos organizadores de las repúblicas han dispuesto las cosas de modo que, cuando se hayan de efectuar los nombramientos de los cargos más elevados de la ciudad, en los que sería muy peligroso colocar hombres que no estuvieran a la altura de su puesto, siempre que se vea que la voluntad popular se inclina a nombrar a un inepto, cualquier ciudadano pueda exponer públicamente en la asamblea los defectos de ese candidato, y esto no sólo le será lícito, sino que constituirá un motivo de gloria, pues así el pueblo podrá juzgar mejor, al ser más completo su conocimiento. Y el ciudadano que desee comenzar a obtener los favores del pueblo, debe ganarlos con algún hecho notable.”

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Ya hemos hablado otras veces de cómo Tito Manlio, luego llamado Torcuato, salvó a Lucio Manlio, su padre, de una acusación que había formulado contra él Marco Pomponio, tribuno de la plebe. Y aunque el procedimiento empleado para salvarlo fue un tanto violento y extraordinario, sin embargo, esa piedad filial para con su padre resultó tan grata a la comunidad, que no sólo no fue castigado, sino que, a la hora de nombrar tribunos para las legiones, el segundo en resultar elegido fue Tito Manlio

EL PUEBLO DISTRIBUYE LOS CARGOS MEJOR QUE UN PRÍNCIPE 

Este suceso, en mi opinión, resulta útil para analizar el modo que tiene el pueblo de juzgar a los hombres en el reparto de cargos, y si es verdad, como dijimos en otra ocasión, que el pueblo los distribuye mejor que un príncipe.

La clemencia de Escipión, de Sebastiano Ricci.

Digo, pues, que el pueblo, al hacer el reparto, se guía por lo que la voz pública o la fama dicen de uno, cuando no lo conoce por sus obras notorias, o por la presunción o la opinión generalizada que se tiene de él.

Estas cosas pueden tener su origen en los padres, pues si éstos han sido ciudadanos valerosos y grandes hombres, se tiende a creer que sus hijos se les parecerán mientras que las obras no demuestren lo contrario.

Otra causa de este tipo de fama puede ser el comportamiento que demuestran aquellos de quienes se habla. A este respecto, los comportamientos más deseables son: buscar la compañía de varones graves, tener buenas costumbres y ser considerado prudente por todo el mundo.

Y como no puede haber mejor indicio de la naturaleza de un hombre que las compañías que frecuenta, el que acostumbra a tener compañías honestas conquista merecidamente su buen nombre, pues es imposible que no guarde alguna semejanza con ellas.

También puede conquistarse la fama pública por alguna acción excepcional y notable, aunque sea privada, en la que te hayas desenvuelto honorablemente. Y de estas tres cosas que otorgan reputación a un hombre en sus principios, ninguna la otorga mayor que esta última.

LOS NACIDOS EN UNA REPÚBLICA DEBEN INGENIÁRSELAS PARA DISTINGUIRSE POR ALGÚN HECHO EXCEPCIONAL

Porque la primera, los parientes y padres, es tan falaz que los hombres proceden con cautela, y pocas veces llegan a cuajar, si no se añaden las virtudes propias.

La segunda, el darse a conocer por medio de los modales, es mejor que la anterior, pero muy inferior a la tercera: porque hasta que no se ve algún signo que nazca de la propia persona, la reputación se fundará en la opinión, que se desmiente fácilmente.

Pero la tercera, que tiene su origen y fundamento en los hechos y las obras, da en los principios tanto nombre que sería preciso, si se quisiera anularlo, hacer muchas cosas contrarias a aquella en que se basa.

Los hombres nacidos en una república deben, pues, preferir este medio para darse a conocer, e ingeniárselas de modo que algún hecho excepcional les permita comenzar a distinguirse. Esto es lo que hicieron en Roma muchos jóvenes, o proponiendo una ley que redundase en beneficio público, o acusando a los ciudadanos poderosos que habían transgredido la ley, o haciendo cualquier otra cosa por el estilo, notable y nueva, de la que se hubiese de hablar.

Pero semejantes acciones no sólo son necesarias para comenzar a adquirir reputación, sino que también son útiles para mantenerla y acrecentarla, porque para hacerlo es preciso renovarla, como hizo Tito Manlio durante toda su vida. Pues después de defender a su padre tan virtuosa y extraordinariamente, ganando por dicha acción una reputación incipiente, después de algunos años combatió con aquel galo y, tras matarle, le quitó el collar que le valió el sobrenombre de Torcuato.

No le bastó eso, porque después, ya en edad madura, mató a su hijo por haber combatido sin permiso, aunque había vencido al enemigo. Estas tres acciones le dieron más renombre y le hicieron más célebre por los siglos de los siglos que ningún otro triunfo o victoria, pese a que consiguió más que cualquier otro romano. Y la razón de esto es que en las victorias Manlio tuvo muchísimos émulos, pero en estas acciones particulares tuvo poquísimos o ninguno.

A Escipión el mayor no le acarrearon tanta gloria todos sus triunfos como el haber defendido a su padre en el Tesino, siendo jovencísimo, y el haber hecho jurar, con la espada desenvainada, a muchos jóvenes romanos, después de la derrota de Cannas, que no abandonarían Italia, como tenían pensado. Estas dos acciones dieron principio a su reputación y le sirvieron de trampolín para sus triunfos en España y África. Su fama se acrecentó todavía más cuando, en España, devolvió la hija al padre y la esposa al marido.

LOS PUEBLOS COMETEN MUCHOS MENOS ERRORES QUE LOS PRÍNCIPES, TANTO EN LO QUE TOCA A LAS FALSAS OPINIONES COMO EN LO QUE TOCA A LA CORRUPCIÓN

Este modo de obrar no es necesario sólo para aquellos ciudadanos que quieren conquistar fama para obtener los honores de la república, sino también para el príncipe que quiera mantener su prestigio en el reino, porque nada hace que se le estime tanto como dar raros ejemplos de sí con cualquier dicho o hecho singular en favor del bien común, pues ellos muestran al señor como magnánimo, liberal o justo, y hacen que, en el futuro, tales cualidades le sean atribuidas proverbialmente por sus súbditos.

Pero para volver al principio de nuestro discurso, digo que el pueblo, cuando empieza a confiar algún cargo a un ciudadano, basándose en alguna de las tres razones citadas, no se apoya en mal fundamento; pero luego, cuando los numerosos ejemplos de buen comportamiento de alguien lo hacen más conocido, fundamentará mejor su elección, pues en tal caso será casi imposible que se engañe.

Hablo solamente de aquellos cargos que se dan a los hombres al principio de su carrera política, antes de que sean mejor conocidos por una firme experiencia o pasen de un comportamiento a otro totalmente distinto; y creo que aquí los pueblos cometen muchos menos errores que los príncipes, tanto en lo que respecta a las falsas opiniones como en lo que toca a la corrupción.

Puede ser que los pueblos sean engañados por la fama, la opinión y los actos de un hombre, estimándolo más de lo que merece, lo que no le sucederá a un príncipe, pues se lo dirán y le advertirán de ellos sus consejeros; por eso, para que también los pueblos tengan sus consejeros, los buenos organizadores de las repúblicas han dispuesto las cosas de modo que, cuando se hayan de efectuar los nombramientos de los cargos más elevados de la ciudad, en los que sería muy peligroso colocar hombres que no estuvieran a la altura de su puesto, siempre que se vea que la voluntad popular se inclina a nombra a un inepto, cualquier ciudadano pueda exponer públicamente en la asamblea los defectos de ese candidato, y esto no sólo le será lícito, sino que constituirá un motivo de gloria, pues así el pueblo podrá juzgar mejor, al ser más completo su conocimiento.

Así se hacía en Roma, como demuestra el discurso de Fabio Máximo ante el pueblo durante la segunda guerra púnica, cuando, en la elección de los cónsules, la opinión favorecía a Tito Otalicio, a quien Fabio consideraba poco apto para el cargo, sobre todo en aquellos tiempos; habló contra él demostrando su insuficiencia, y logró que no se le otorgase el puesto, inclinando la voluntad popular hacia otro que lo merecía más.

Los pueblos, pues, juzgan en las elecciones según las señas más fiables que pueden tener del carácter de los hombres, y cuando pueden ser aconsejados como los príncipes, se equivocan menos que ellos; y el ciudadano que desee comenzar a obtener los favores del pueblo, debe ganarlos con algún hecho notable, como hizo Tito Manlio.

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NICOLÁS MAQUIAVELO, Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Alianza Editorial, 1987. Traducción de Ana Martínez Arancón. Publicado en Mundo Libre Digital, 11/04/08)

Sociedad, civilización y gobierno

Hora de publicación: 9:22 pm Clasificado en DEMOTECA y escrito por Thomas Paine

“Gran parte del orden que reina en la humanidad no es efecto del gobierno. Tiene su origen en los principios de la sociedad y en la constitución natural del hombre. Existía antes que el gobierno, y existiría si se aboliera el formulismo del gobierno. Cuando más perfecta sea la civilización, menos necesidad tiene de gobierno, pues más regula sus propios asuntos y se rige sola. Pero ¡cuán a menudo se ve a la sociedad perturbada o destruida por las actuaciones del gobierno! Una de las grandes ventajas de la Revolución Americana ha sido que llevó a un descubrimiento de los principios, y reveló los engaños, de los gobiernos. Hasta entonces, todas las revoluciones se habían realizado dentro de un ambiente de palacio, y nunca en el grande ámbito de una nación. Los participantes en ellas pertenecían siempre a la clase de los cortesanos, y por muy rabiosamente que desearan la reforma, mantenían cuidadosamente el fraude de la opresión. En ningún caso dejaban de representar al gobierno como algo lleno de misterios, que no entendían más que ellos mismos, y escondían a la comprensión de la nación lo único que era beneficioso saber, esto es, que el gobierno no es sino una asociación nacional que actúa conforme a los principios de la sociedad.”

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Gran parte del orden que reina en la humanidad no es efecto del gobierno. Tiene su origen en los principios de la sociedad y en la constitución natural del hombre. Existía antes que el gobierno, y existiría si se aboliera el formulismo del gobierno. La dependencia mutua y el interés recíproco que el hombre tiene respecto del hombre, y todas las partes de la comunidad civilizada de unas respecto a las otras crean esa gran cadena de conexión que la mantiene unida.

LA SOCIEDAD HACE POR SÍ MISMA CASI TODO LO QUE SE ATRIBUYE AL GOBIERNO

El terrateniente, el agricultor, el fabricante, el comerciante, el hombre de negocios y todas las ocupaciones prosperan gracias a la ayuda que cada uno recibe del otro, y del todo.El interés común regula sus preocupaciones y forma su ley, y las leyes que ordena el uso común tienen mayor influencia que las leyes del gobierno. En fin, la sociedad hace por sí misma casi todo lo que se atribuye al gobierno.

Aunque reconocían que era inviable para grandes poblaciones, Jefferson y Paine no estaban seguros de que la máxima libertad y felicidad de los pueblos, como entre los indios americanos, no dependiera de la total ausencia de gobierno.

Para comprender la naturaleza y la cantidad de gobierno adecuado para el hombre es necesario atender al carácter de éste. Como la naturaleza lo destinó a la vida social, lo capacitó para la condición que se proponía. En todos los casos hizo que sus necesidades naturales fueran mayores que sus facultades individuales. Ningún hombre puede, sin la ayuda de la sociedad, satisfacer sus propias necesidades, y esas necesidades, al actuar sobre el individuo, impelen a todos ellos hacia la sociedad, con la misma naturalidad con que la gravitación actúa respecto del centro.

Pero ha ido más allá. No sólo ha obligado al hombre a entrar en la sociedad mediante toda una variedad de necesidades que se pueden satisfacer mediante la ayuda recíproca de unos a otros, sino que además ha implantado en él un sistema de afectos sociales que, pese a no ser necesarios para su existencia, son indispensables para su felicidad. No hay período de su vida en que deje de intervenir su amor a la sociedad. Este comienza y termina con nuestro ser.

Si examinamos atentamente la composición y la constitución del hombre, la diversidad de talentos en diferentes hombres para adaptarse recíprocamente los unos a las necesidades de los otros, su propensión a la sociedad, y en consecuencia a conservar las ventajas que se derivan de ella, descubriremos fácilmente que una gran parte de lo que se llama gobierno es mero engaño.

El gobierno no es necesario más que para atender a los pocos casos en que la sociedad y la civilización no tienen bastante competencia, y no faltan ejemplos que demuestren que todo lo que el gobierno puede añadir a esas competencias es algo que se ha venido haciendo mediante el consentimiento común de la sociedad, sin gobierno.

Durante más de dos años a partir del comienzo de la guerra de América, y un período más largo en varios de los Estados americanos, no hubo formas establecidas de gobierno. Los gobiernos antiguos se habían abolido, y el país estaba demasiado ocupado en defenderse para dedicar su atención a establecer nuevos gobiernos; sin embargo, durante este intervalo se mantuvieron un orden y una armonía tan inviolables como en cualquier país de Europa.

Existe una aptitud natural en el hombre, y más aún en la sociedad, porque abarca una necesidad mayor de necesidades y recursos, para adaptarse a cualquier situación en la que se encuentre. En el momento en que queda abolido el gobierno formal, empieza a actuar la sociedad: se produce una asociación natural, y el interés común produce la seguridad común. […]

TEXTO COMPLETO EN MUNDO LIBRE DIGITAL

La libertad promete una nueva era a la raza humana

Hora de publicación: 5:26 pm Clasificado en DEMOTECA y escrito por Thomas Paine

“La revolución de América realizó en la política lo que no era sino teoría en la mecánica.  La libertad estaba perseguida en todo el globo, a la razón se la consideraba rebelión, y la esclavitud del temor había hecho que los hombres tuvieran miedo a pensar. La independencia de América, considerada meramente como separación de Inglaterra, hubiera sido cuestión de escasa importancia si no hubiera ido acompañada de una revolución en los principios y en la práctica de los gobiernos. Se irguió no sólo en su propia defensa, sino en la del mundo, y miró más allá de los beneficios que ella misma pudiera recibir. El gobierno fundado en una teoría moral, en un sistema de paz universal, en los invencibles y hereditarios Derechos del Hombre, no interesa a individuos determinados, sino a las naciones en su progreso, y promete una nueva era a la raza humana.”

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Cabría aplicar a la razón y la libertad lo que dijo Arquímedes de las fuerzas mecánicas: “Dadme un punto de apoyo”, dijo, “y levantaré el mundo”.

LA LIBERTAD PERSEGUIDA ES CONSIDERADA REBELIÓN Y LA ESCLAVITUD DEL TEMOR PRODUCE EN LOS HOMBRES MIEDO A PENSAR

La revolución de América realizó en la política lo que no era sino teoría en la mecánica. Tan arraigados estaban los gobiernos del viejo mundo, y tan efectivamente se había establecido la tiranía y la antigüedad de la costumbre sobre la mente, que no podía hacerse un comienzo en Asia, África ni Europa para reformar la condición política del hombre. La libertad estaba perseguida en todo el globo, a la razón se la consideraba rebelión, y la esclavitud del temor había hecho que los hombres tuvieran miedo a pensar.

Arquímedes, por Domenico Fetti, 1620.

Pero tal es la irresistible naturaleza de la verdad que todo lo que pide, y lo único que necesita, es la libertad de aparecer. El sol no necesita de inscripción alguna para distinguirse de la noche, y bastó con que los gobiernos americanos empezaran a exhibirse al mundo para que el despotismo se sintiera sacudido y el hombre empezara a esperar el desagravio.

La independencia de América, considerada meramente como separación de Inglaterra, hubiera sido cuestión de escasa importancia si no hubiera ido acompañada de una revolución en los principios y en la práctica de los gobiernos. Se irguió no sólo en su propia defensa, sino en la del mundo, y miró más allá de los beneficios que ella misma pudiera recibir. Incluso el mercenario de Hesse, pese a estar contratado para combatir contra ella, puede vivir para bendecir su propia derrota, e Inglaterra, que condena la maldad de su gobierno, celebrar su propio aborto.

Al igual que América era el único lugar del mundo político donde podía comenzar el principio de la reforma universal, también era el mejor del mundo natural. Una concatenación de circunstancias conspiró no sólo para darle nacimiento, sino para añadir una gigantesca madurez a sus principios. El escenario que expone este país a los ojos de un espectador contiene algo que genera y alienta las grandes ideas. La naturaleza se le aparece en toda su magnitud. Los grandiosos objetos que contempla actúan sobre su mente ampliándola, y comparte la grandeza que contempla.

Quienes primero se asentaron en ella fueron emigrantes de diferentes naciones europeas, y que profesaban diversas religiones, que escapaban a las persecuciones gubernamentales del viejo mundo y se reunían en el nuevo no como enemigos, sino como hermanos. Los problemas que necesariamente acompañan al cultivo de tierras nuevas produjeron en ellos un estado de la sociedad que los países tanto tiempo hostigados por las peleas y las intrigas de los gobiernos habían olvidado cultivar. […]

TEXTO COMPLETO EN MUNDO LIBRE DIGITAL