* DECÁLOGO DE PRINCIPIOS DE LA ALCD

En la ALCD…

1. No tenemos un concepto estático ni purista de la democracia. La democracia es el sistema de gobierno orientado hacia el pueblo, que garantiza la justicia para todo el pueblo, y donde el pueblo es soberano y protagonista de la vida pública.

2. Luchamos por la libertad y la democracia allá donde sea necesario, empezando por nuestro país: España, donde, después de 30 años de espejismo democrático, urge una reforma integral del sistema, una reforma que traiga un régimen verdaderamente democrático, que debe partir del pueblo, y donde el pueblo -todo él- debe ser el único portavoz de sus opiniones (nadie más, mucho menos nosotros, como asociación).

3. No tenemos grandes palabras elocuentes ni teorías magníficas para describir nuestros objetivos. Nuestra causa es despertar la conciencia crítica del pueblo y aunar todas las voluntades democráticas. Somos gente libre, deseosa de tender lazos entre ellos para hacer real este objetivo común, y como gente libre y como ciudadanos sencillos, no imponemos nuestras ideas, ni exigimos abnegación ni exclusividad, no damos lecciones democráticas a nadie, ni actuamos con hermetismo, escondiéndonos de la luz pública, hablando en clave o faltando a la verdad. Quien quiera sumarse, que esté dispuesto a aprender con nosotros de quienes realmente tienen algo que decir, que son los grandes pensadores de la historia, y que esté dispuesto a hablar y a que le oigan hasta los jóvenes más rebeldes y los viejos más recalcitrantes.

4. No creemos en la gloria, ni en la honra, ni en el apellido, ni en la fama; no nos valen más la brillantez de los académicos que el esfuerzo de los trabajadores. Entre nosotros no hay líderes ni jefes ni obligaciones de ningún tipo.

5. La pertenencia a la ALCD se debe considerar un acto de responsabilidad democrática. Al no ser un círculo de opinión ni un partido político, las personas que la integren no tienen por qué coincidir en carácter, gustos, ideas, ideología, aficiones, orientaciones, etc. Ni siquiera tienen la obligación de hacerse amigos (aunque merece la pena intentarlo). Nuestro compromiso prioritario y común es la Democracia. Dejando a un lado nuestras diferencias y enfatizando nuestro espíritu libre, la convivencia natural de cada uno dentro de la Asociación queda a su libre albedrío.

6. La ALCD existe en la forma en que sus miembros la desean y conciben. La ALCD no viene a inventar una legitimidad nueva, ni necesita de nadie que legitime lo que hace, porque esta asociación sólo quiere despertar la llama de la dignidad que cada ciudadano lleva en su interior y para ello ni necesitamos una sede ni datos fiscales ni una jerarquía. Para participar en esta asociación sólo es necesario hacer explícita una adhesión a su ideario, pero, aún sin esto, alabamos y apoyamos todo esfuerzo, tanto individual como colectivo, a favor de la auténtica democracia. Por eso, esta asociación no necesita una batuta que elimine las notas discordantes, ni un metrónomo que marque el ritmo al que tenemos que avanzar. Somos un grupo cuya fuerza radica en la iniciativa de sus miembros y en su voluntad de colaborar, de aprender unos de otros y de seguir creciendo para hacer más efectiva nuestra lucha por la democracia.

7. No somos sino la avanzadilla de lo que vendrá después. En nuestros lazos de amistad está nuestra fuerza; por eso, cuantas más voces se sumen a nuestra crítica del ambiente político hipócrita y viciado de nuestros días, y cuantas más personas seamos capaces de reunir para hablar sobre democracia y para actuar a favor de la verdadera libertad, más nos acercaremos – con satisfacción – a nuestro propio final.

8. No nos reúne la lealtad en torno a nadie, no nos agrupa la compasión frente a la injusticia, ni nos mantiene unidos la complacencia en nuestra labor; no nos engañamos frente a la crudeza del mundo ni nos arruga la tiranía de los poderosos. Nosotros no queremos cambiar el mundo por cuenta ajena; nosotros estamos cambiando para hacer realidad nuestro sueño, porque no actuamos como los políticos, que dicen para luego no hacer, sino que venimos a presentar lo que hacemos, y a todo el que quiera le ofrecemos nuestras mismas herramientas para que nos ayuden en esta empresa.

9. Valoramos en su medida adecuada las tres fases de nuestra labor, pues sabemos que no podemos dejar de ver y juzgar para actuar, y que no podemos hacerlo sino a la manera de los demócratas. Por eso, en nuestra asociación, no podemos sino esforzarnos por ser cercanos, tenaces, valientes y libres.

10. Entendemos que nuestra lucha no puede excluir a nadie, o de lo contrario estaríamos dejando fuera del pueblo a sus propios integrantes. Desde nuestra sencillez, tratamos con honradez, con aplomo y de un modo pacífico, de luchar por la soberanía del pueblo, azuzando a los usurpadores del poder, a quienes, día sí y día también, violentan los derechos de los ciudadanos y venden el destino de las personas que – ingenuas o ignorantes – ven pasar la vida y sufren sus calamidades sin comprender hasta qué punto han sido despojadas de su dignidad, alejadas de su posición en el mundo e, incluso, les ha sido arrebatado su derecho a ser libres y tratar en lo posible de buscar la felicidad y participar de la convivencia.

Un saludo, ciudadanos.

M. L. (02/03/07)