* CUALIDADES ESENCIALES DEL BUEN ASOCIADO

“Nuestra ALCD nació de la convicción de que la democracia, como estado social, forma de gobierno, decisión por mayorías y modo de convivencia (pues todo eso es democracia), es buena para todos. Por eso se propuso como objetivo único conseguir ese ideal no utópico, congregando a cuantos lo sientan de la misma manera. Es una asociación libre, para que hombres y mujeres leales a los grandes principios éticos, puedan trabajar codo con codo, hombro con hombro, por la libertad y la felicidad de España. Y contribuir, de alguna manera, a hacer un mundo mejor y más humano.”

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A vuelapluma, me gustaría bosquejar algunas ideas básicas de psicología grupal, que nos pueden ser útiles en nuestra asociación.

No voy a referirme a los diversos tipos de liderazgo que se pueden ejercer (autoritario, liberal, anárquico o democrático) en un grupo, porque entre nosotros quedó sentado, desde nuestra presentación en Internet, que la ALCD: “No tendrá jefes ni líderes nacionales. Su estructura será local y cada grupo gozará de la máxima autonomía. Sus juntas directivas serán elegidas mediante métodos democráticos”.

La ausencia de jefatura o liderazgo en una asociación suele ser un problema serio, sobre todo en países como España, donde, al carecer de experiencia en el asociacionismo democrático, cuesta dios y ayuda lograr que el dinamismo propio del grupo, guiado por grandes principios en vez de por destructivos líderes carismáticos, genere las dos fuerzas que lo pueden conducir a la madurez: cohesión y progreso. 

Si derribamos barreras y prejuicios, y nos damos la mano, podremos conseguir lo que nos propongamos.

La cohesión sería resultado de la armonía entre las motivaciones individuales y las características o fines de la asociación, de la que brotan fuerzas centrípetas que empujan a los miembros del grupo a permanecer en su seno por simple afinidad.

Por otro lado, las fuerzas que mueven al grupo hacia la meta propuesta determinan su progreso, y dependen, sobre todo, de que los individuos asociados concuerden con los fines colectivos y los entiendan de la misma manera.

Pero estas fuerzas dinámicas, que mueven  a los grupos organizados, sobre todo los pequeños (no estamos hablando, pues, de psicología de masas), están casi siempre al margen de la voluntad y de la conciencia de los individuos que los integran, pues surgen de la interacción de las partes componentes de esa especie de individuo compuesto que constituye una colectividad.

No obstante, los miembros asociados deben ser conscientes de que un buen grupo, o sea, un grupo maduro, sólo puede surgir de la concurrencia de individuos que desean contribuir, voluntaria y libremente, a conformarlo y conducirlo hacia su objetivo.  

Los cuatro requisitos del buen asociado son:

1. ACEPTAR LOS FINES Y OBJETIVOS DECLARADOS DEL GRUPO.- Parece obvio pensar que uno no debería adherirse a un grupo cuyos fines no se comparten sinceramente. Todos deberíamos reflexionar con seriedad acerca de nuestra identificación con los objetivos que se persiguen en cualquier asociación, asegurándonos de haberlos comprendido bien. Es preferible no comprometerse, a comprometerse y no cumplir con los compromisos libremente contraídos.

2. INTEGRARSE EN EL GRUPO CON LAS MENORES FRICCIONES POSIBLES.- En un grupo abierto a la incorporación libre de todo el que comparta sus objetivos declarados, será buen asociado aquél que se integre -sin esperar a que lo integren- tratando de evitar fricciones innecesarias y conflictos pueriles; es más, procurará, si es una persona madura y equilibrada, resolver, en la medida de sus fuerzas, los conflictos o problemas que creen otros.

3. PARTICIPAR ACTIVAMENTE EN LA CONSECUCIÓN DE LOS FINES U OBJETIVOS DEL GRUPO.- Nadie con sentido común ingresa en un grupo para permanecer como simple observador. Uno puede legítimamente sentarse a ver los toros desde la barrera, pero no podrá presumir de torero. El actor es activo, el espectador pasivo. Lo importante aquí también, como en otros ámbitos de la vida social, es participar activamente en la consecución de los fines y objetivos comunes, trabajando por su progreso y fomentando la cohesión y el compañerismo.

4. SER LEALES AL GRUPO Y A LOS PRINCIPIOS QUE LO INSPIRAN.- El grupo -así como sus fines, objetivos y metas- está por encima de los individuos que lo integran. Los individualistas no tienen futuro en un grupo. Nadie debe perder su individualidad, por supuesto, pero la constitución de un grupo basado en principios nobles sirve a intereses muy superiores a los particulares. El bien común es más importante que el individual, porque toca aspectos de nuestra naturaleza humana muy profundos y responde a necesidades comunes más esenciales que las meramente privadas. Lo que es bueno para la colmena, es bueno para la abeja, así siente el generoso. Pero a la inversa no suele ser verdad y, sin embargo, es así como piensa el esclavo de su egoísmo.

Nuestra ALCD nació de la convicción de que la democracia, como estado social, forma de gobierno, decisión por mayorías y modo de convivencia (pues todo eso es democracia), es buena para todos. Por eso se propuso como objetivo único conseguir ese ideal no utópico, congregando a cuantos lo sientan de la misma manera. Es una asociación libre, para que hombres y mujeres leales a los grandes principios éticos, puedan trabajar codo con codo, hombro con hombro, por la libertad y la felicidad de España. Y contribuir, de alguna manera, a hacer un mundo mejor y más humano.

Si has nacido para asociarte por algo así, entonces la ALCD ha sido creada para ti.

11 de septiembre de 2007.